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Auténtico prodigio en taquilla (llegó a 14 fines de semana consecutivos en el número 1 del Box Office), “Superdetective en Hollywood” se convirtió instantáneamente en un icono del cine de los 80 gracias a un carismático protagonista amante de las bromas pesadas, una resultona banda sonora (con el tarareadísimo ‘Axel F’ de Harold Faltermeyer a la cabeza) y un sencillo argumento que mezcla comedia y cine de acción con efectividad. El irregular, y poco prolífico, Martin Brest (“Huida a medianoche”, 1988, “Esencia de mujer”, 1992, o “¿Conoces a Joe Black?”, 1998) imprimió fuerza a la persecuciones y las escenas de acción; mientras que Eddie Murphy se sentía como pez en el agua con comentarios irónicos, chistes políticamente incorrectos y su característica risa a la vez que se convertía en desenfadado adalid de la justicia y la rectitud moral.

Axel Foley (Eddie Murphy) es un detective de Detroit que recibe la visita de un viejo amigo que parece estar en peligro. Cuando este muere, Axel se traslada hasta Beverly Hills para encontrar al responsable. Ayudado por dos policías de Los Angeles (Judge Reinhold y John Ashton) desenmascarará un red de contrabando de drogas.

Tras el éxito de “Límite: 48 horas” (Walter Hill, 1982) y “Entre pillos anda el juego” (1983), las jocosas aventuras de Axel Foley supusieron la consagración de Eddie Murphy como rutilante estrella internacional (estatus que mantuvo intacto al menos hasta “El príncipe de Zamunda”, 1988). Además, para el febril público de los 80 supuso un soplo de aire fresco en el panorama de los films policíacos del momento (comenzarían entonces a tomar un cariz más autoparódico). Poco importaba que la trama fuese del montón, previsible y poco imaginativa, que los personajes no pasasen de estereotipos o que las partes más dramáticas no nos dijesen mucho; “Superdetective en Hollywood” es un festival ochentero cuyas virtudes comerciales de puro entretenimiento se añaden a su valor histórico como pieza fundamental del espíritu de la década. “Superdetective en Hollywood II” (Tony Scott, 1987) también merece la pena.

 

– Para los que quieran volver a los 80 durante hora y media.

– Imprescindible para fans de las comedias de acción.

 

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