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Los movimientos contraculturales de finales de los 60 trajeron una oleada de antimilitarismo que llegó a los cines por medio de documentales (“In the year of the pig”, 1968), westerns (“Soldado azul”, 1970), dramas (“Johnny cogió su fusil”, 1971) o comedias como esta infravalorada joya del humor negro antibelicista basada libremente en la compleja novela de Joseph Heller. “Trampa 22” es una punzante crítica del absurdo de los procedimientos burocráticos en general (y los militares en particular), de una sociedad dominada por la mentalidad capitalista que trata a los individuos como herramientas sin valor humano. A pesar de sus afilados diálogos, su extenso reparto de caras conocidas, la sobresaliente fotografía de David Watkin, su ingenio e inteligencia (tanto en la realización como en la concepción, en sus temas y maneras); “Trampa 22” no terminó de convencer ni a público ni a crítica en el momento de su estreno (ensombrecida también por el éxito de “M*A*S*H”, 1970, de Robert Altman.

Durante la II Guerra Mundial, el capitán Yossarian (Alan Arkin), un piloto asignado en una pequeña isla del Mediterráneo, intentará que no lo manden a una peligrosa misión alegando locura.

Así, “Trampa 22” ahonda en una paradoja de las instituciones militares: para combatir tienes que estar cuerdo, pero si combates voluntariamente, si te juegas la vida, estás loco, así que no podrías combatir; pero si no quieres combatir, es que estás cuerdo, así que puedes combatir. Siempre utilizando el humor y las situaciones absurdas para poner de relieve la ironía de la situación (el único que parece estar cuerdo entre una serie de excéntricos personajes es el protagonista, el cual quiere que lo declaren loco). Tal vez le falte profundidad, el gran plantel de secundarios no esté suficientemente perfilado y el conjunto resulte un poco deslavazado, pero estamos ante una película única, por su mordacidad e ironía, pero también por una excelente puesta en escena y trabajo artístico; en la que por cierto se mostró por primera vez en el cine americano a un actor sentado en el váter (Martin Balsam).

 

– Para amantes de la comedia antibelicista.

– Imprescindible para interesados en el humor que te hace pensar.

 

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