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Antes de su estimulante y violenta aventura americana Paul Verhoeven (“Robocop”, 1987, “Desafío total”, 1990, o “Instinto Básico”, 1992) dirigió en su Holanda natal este thriller de suspense en el que el sexo y la sangre tienen un papel muy importante. El juego de apariencias y trampas cinematográficas del film, así como su perversa y surrealista visión de las relaciones humanas, convierten a “El cuarto hombre” en una pieza fundamental del cine europeo; en el que por medio de numerosos elementos religiosos (la Virgen María y la cruz de Cristo son recurrentes), sexuales y psicológicos Verhoeven construye su transgresora visión del Cristianismo como simplemente otra manera de interpretar la realidad; una manera fundada en un acto tan violento como la crucifixión y con tendencia a venerar lo irreal o esotérico. “El cuarto hombre” es un film enfermizo y desquiciado, torturado e incómodo, estado en el que Verhoeven cree que ha quedado la sociedad tras rendirse a la religión.

Gerard Reve (Jeroen Krabbé) es un escritor alcohólico y bisexual que comienza a tener una serie de extrañas visiones. Cuando se acuesta con una mujer que ha conocido en la presentación de su último libro las visiones se intensifican y algo comienza a decirle que él es la ‘cuarta víctima’.

Basada en la novela del polémico novelista holandés Gerard Reve (uno de los grandes literatos de post-guerra, con el que Verhoeven comparte su tendencia a la ironía y a los temas polémicos); el cuarto hombre tiene sexo explícito, violencia, una serie de secuencias oníricas tan surrealistas como perturbadoras (que crean confusión entre la realidad y el sueño), una portentosa inventiva visual siempre al servicio del mensaje y la tenebrosa fotografía de Jan de Bont. Verhoeven disfruta manipulando al espectador a su antojo, llevándolo a descubrir poco a poco el rompecabezas que propone a base de retazos alucinatorios y secuencias implacables, de ambigüedad y emociones viscerales. Premiada tanto en festivales generalistas como en festivales de cine fantástico (el premio especial del jurado en Avoriaz).

 

– Para los que no tengan miedo del cine de alto voltaje.

– Imprescindible para los que se quedaron con ganas de más tras “Instinto Básico” (en palabras de Verhoeven: ‘su precuela espiritual’).

 

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