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Basada en la novela autobiográfica de Manfred Gregor (seudónimo de Gregor Dorfmeister), “El puente” fue uno de los primeros films en reflexionar sobre las heridas aún abiertas que la II Guerra Mundial había dejado en Alemania. Sin grandes secuencias de batallas, ni alarde técnico, ni grandes estrellas, “El puente” consigue mostrar con crudeza y fidelidad el absurdo de la guerra. Con él, el actor, director y guionista Bernard Wicki (“La visita del rencor”, 1964, o “Morituri”, 1965) logró uno de los films bélicos (o antibélicos) más sobrecogedores del cine alemán, siendo fichado para el film colectivo “El día más largo” (1962). Dráma bélico de manual, el film está dividido en dos partes: la primera una mirada a la Europa rural de los años 40, a la situación de la juventud y la influencia del nazismo, el odio y la guerra; y la segunda el conflicto armado propiamente dicho. Pero también es un contundente ejercício visual y narrativo en el que Wicki combina cuidados encuadres (estupenda fotografía en blanco y negro) con largos movimientos de cámara y desconcertantes zooms.

En un pequeño pueblo alemán, un grupo de jóvenes de 16 años son reclutados por las fuerzas armadas y destinados a defender un puente al que pronto llegarán las tropas aliadas.

“El puente” se centra en los últimos compases de la guerra, poco antes de que Berlín cayese, lo que intensifica tanto la tragedia como el sinsentido de la historia. Es un film bélico que pone de relieve la futilidad de la guerra, pero, como es habitual, también es un relato de ‘pérdida de la inocencia’, de crecimiento, tanto de sus protagonistas como de esa Europa que vio como su ingenuidad quedaba enterrada bajo el Holocausto (el puente del título actúa como símbolo vertebrador de todo el discurso). A través de diferentes personajes, de diversas clases sociales y niveles culturales, presenta varios puntos de vista. Además, su mensaje, a pesar de estar localizado en un momento y un lugar específicos, tiene un alcance universal y atemporal, en muchos lugares del mundo los jóvenes siguen perdiendo la inocencia a golpe de fusil.

 

– Para interesados en la II Guerra Mundial desde el punto de vista alemán.

– Imprescindible para coleccionistas de joyas bélicas olvidadas.

 

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