CINEBLOG.NET

 

Desde que en 1987 rodase “Días de Radio”, Woody Allen no había dirigido otra ‘comedia pura’ hasta la llegada de la divertidísima “Misterioso asesinato en Manhattan” (había comedia en “Alice”, 1990, o “Sombras y niebla”, 1991, pero no como aquí). El director neoyorquino despliega su gusto por el cine negro (una posible consecuencia de su pasión por Humphrey Bogart) mezclando las constantes del género de crímenes perfectos con sus propios clichés: un matrimonio de mediana edad que charla en la cama, un amigo liante, ingeniosos diálogos, referencias culturales que ponen en entredicho la dignidad de la ‘alta cultura’, Manhattan siempre presente y la icónica figura del Allen actor, un tanto neurótico e irónico. El resultado es una aguda disección de las relaciones de pareja que utiliza el cine de género para abordar el cómo las parejas afrontan la monotonía de llevar muchos años juntos; siempre con sentido del humor e inteligencia.

Carol (Diane Keaton), esposa de Larry (Woody Allen), comienza a sospechar que su vecino (Jerry Adler) ha asesinado a su esposa. Así que, con la forzada ayuda de su marido, comienza a investigar la muerte de la vecina (que supuestamente ha fallecido de un infarto). Aunque todo apunta a que el vecino es inocente, Carol no se rendirá, apoyada por su amigo Ted (Alan Alda) y una llamativa escritora (Anjelica Huston) hurdirán un plan para poner al descubierto al supuesto asesino.

Tras la tumultuosa ruptura con Mia Farrow, la ex-pareja de Allen, Diane Keaton, volvía al cine del ‘hipocondríaco de la Gran Manzana’ tras casi 15 años (básicamente desde la magistral “Manhattan”, 1979), con esta enloquecida comedia plagada de gags y frases memorables (‘No puedo escuchar tanto Wagner… ¡me dan ganas de invadir Polonia!’), referencias cinéfilas (como ese final con “La dama de Shanghai” de Orson Welles, 1947), suspense bien dosificado y el buen hacer de Woody Allen y su equipo habitual: se reencontró con Marshall Brickman (coguionista de “Annie Hall”, 1977) o el veterano director de fotografía Carlo Di Palma (“Blow-Up”, 1966, de Michelangelo Antonioni).

 

– Para los que sospechen que su vecino no es lo que parece ser.

– Imprescindible para los que no crean que el sello ‘Woody Allen’ se puede aplicar a cualquier género.

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies