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De nuevo el inigualable Orson Welles (“Ciudadano Kane”, 1941, o “Sed de mal”, 1958) se mimetiza con los textos de Shakespeare (reduciendo de tres a hora y media el metraje de la obra), asimilando, reinventando y honrando una serie de conceptos atemporales que convierten “Otelo” en un profundo estudio de la naturaleza humana. Además, como ya había sucedido en “Macbeth” (1948), la escasez de medios llevó a Welles a aguzar el ingenio y crear una serie de acertadas soluciones visuales y argumentales. Shakespeare explora la influencia en el comportamiento humano de los celos, la envidia, la ambición y la traición; y Orson Welles, tomándose incuestionables libertades, mantiene el alcance universal de esos temas, extrapolándolos a su particular mundo conceptual (como entran en conflicto la estructura moral ideal de la sociedad con los verdaderos instintos humanos).

Otelo (Orson Welles), el moro de Venecia, es un oficial del ejército que se casa con Desdémona (Suzanne Cloutier) y es nombrado gobernador de Chipre. Pronto comenzará a sospechar que su mujer le es infiel con su lugarteniente Cassio (Michael Laurence).

A pesar de un accidentado rodaje que se alargó durante 3 años, en los que Welles terminó financiando el film con su propio dinero y la ayuda de diversos inversores/amigos; la imaginativa y contundente puesta en escena del director, junto a su inteligente mezcla de clasicismo y modernidad, aupaba a Welles a lo más alto del Olimpo de los grandes realizadores. Y es que Orson Welles es un tipo que se crece ante las adversidades y ese es sin duda uno de los grandes alicientes de “Otelo” (además de la dirección artística del maestro Alexandre Trauner); ver como Welles da uniformidad al trabajo de una decena de directores de fotografía, secuencias rodadas en diferentes lugares y con años de diferencia, … Prácticamente una coproducción europea (aunque lo cierto es que terminó siendo considerada de nacionalidad marroquí, donde se rodó, cuando los productores italianos y franceses abandonaron el film), “Otelo” obtuvo el Gran Premio en el Festival de Cannes.

 

– Para los que tiene prejuicios con el cine teatral.

– Imprescindible para amantes de Shakespeare en el cine.

 

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