CINEBLOG.NET

 

Primer western de Howard Hawks, que ya había dejado obras maestras en géneros tan populares como el cine bélico de aviadores (“La escuadrilla del amanecer”, 1930), la comedia de enredo (“La fiera de mi niña”, 1938) o el cine negro (“El sueño eterno”, 1946). Como el gran maestro del cine que era, Howard Hawks consigue combinar a la perfección una historia de western épico (un viaje plagado de problemas con 9.000 cabezas de ganado) con una intimidad y profundidad psicológica encomiable (el conflicto y los caracteres de los personajes). Inspirado en el primer gran traslado de ganado desde Texas a Kansas, “Río Rojo” nos habla de la fundación de un país, de las heridas de la Guerra de Secesión y del espíritu de los auténticos vaqueros del salvaje oeste; pero también trata de las relaciones paternofiliares y de los enfrentamientos fraticidas. Una suerte de tragedia clásica con lo mejor del cine del oeste.

A mediados del siglo XIX, Thomas Dunson (John Wayne) es un ambicioso ganadero que se establece en Texas. Tiempo después, tras la guerra, ciertos problemas lo llevarán a intentar llevar todas sus reses en un largo viaje hasta Kansas. En el camino surgirán problemas con su hijo adoptivo (Montgomery Clift).

El film trata también esa incompatibilidad entre los viejos y los nuevos tiempos (entre padres e hijos), entre la tradición y el progreso, que convertía en ‘dinosaurios’ a los primeros pioneros ante una nueva manera de ver el mundo. Y es que la estupenda historia de Borden Chase (guionista y autor del relato original) tiene también valor histórico como relato del establecimiento de los primeros rancheros. Imposible no disfrutar con un casi debutante Montgomery Clift, a la altura del una estrella como John Wayne, que demostraba que no era solo una presencia imponente; su bella fotografía en blanco y negro; su gran reparto de secundarios del western clásico (Walter Brennan, John Ireland o Harry Carey y Harry Carey Jr.); el esforzado pero preciso montaje de Christian Nyby (que le llevó cerca de un año); o la canción ‘Settle Down’, de Dimitri Tiomkin.

 

– Para amantes del western clásico.

– Imprescindible para apreciar cuán profundo podía ser el western hollywoodiense.

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies