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Adaptación de una obra inconclusa del dramaturgo alemán Georg Büchner, la tercera (de cinco) colaboración entre el director Werner Herzog y el pasional actor Klaus Kinski (ese mismo año rodaron “Nosferatu, vampiro de la noche”) es una fría pero implacable alegoría social; una mirada descarnada a los abusos de los poderosos para con los débiles. Rodada en solo tres semanas, “Woyzeck” está en el polo opuesto de sus ambiciosos ‘tour de force’ cinematográficos (“Aguirre, la cólera de dios”, 1972, o “Fitzcarraldo”, 1983). Herzog ahonda en uno de sus temas habituales (la locura, sus límites y su origen) pero dejando la cámara casi siempre estática, con planos fijos (herencia de su origen teatral) y profusión de simbolismos. Logrando una tragedia decimonónica de alcance universal disfrazada de cine experimental en la que el cineasta no se limita a decirnos que la violencia está provocada por la sociedad, justificando así el comportamiento agresivo de los oprimidos, sino que se muestra distante, sin hacer juicios de valor.

A principios del siglo XIX, en Leipzig, Franz Woyzeck (Klaus Kinski) es un soldado, débil e ingenuo, humillado constantemente por sus superiores, que lo utilizan de criado y realizan con el extraños experimentos médicos.

Werner Herzog vuelve a explotar su gusto por los personajes inadaptados, alienados y maltratados por la sociedad; pero en este caso su recurrente tema del hombre contra la Naturaleza cambia los tortuosos paisajes por la Naturaleza humana, contra la que el protagonista lucha con disciplina castrense. Aunque ambientada a principios del siglo XIX, ya muestra el antisemitismo de la sociedad alemana, utilizando la religión como catalizador de las vejaciones. Si a todo esto sumamos una de las interpretaciones más perturbadora y desquiciadas del difícil pero único Klaus Kinski (que vuelve a demostrar que pocos actores son capaces de arriesgar la integridad mental como el) y una banda sonora compuesta de piezas clásicas (Beethoven, Vivaldi, …) que le da un toque un tanto tétrico; el resultado es una película que puede o no gustar, pero nunca se olvida.

 

– Para amantes de los experimentos formales y conceptuales.

– Imprescindible para interesados en una de las parejas director/actor más icónicas del cine moderno.

 

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