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Tras el pionero recital de ‘ciencia-ficción dura’ que supuso “Con destino a la luna” (Irving Pichel, 1950), el gurú de la animación con marionetas, reconvertido en productor (“La guerra de los mundos”, 1953, de Byron Haskin) y director (“El tiempo en sus manos”, 1960), George Pal se mostró algo más ingenuo con sus detalles científicos en esta icónica serie B. Con la inestimable ayuda del antiguo director de fotografía Rudolph Maté (“Con las horas contadas”, 1949), Pal edificó un colorido y entrañable entretenimiento a base de ciencia-ficción, acción, suspense, aventuras e incluso algunos toques de humor. Una obra perfecta para aquellos carismáticos autocines con sesiones dobles (pero con bastante más empaque que las series B de la época) que aunque hoy pueda parecer una ridiculez, lo cierto es que escribió muchos de los códigos por los que se rigen gran parte del cine apocalíptico moderno. Irritará a los fundamentalistas del ‘buen cine’, pero encantará a los que puedan verla con su ‘niño interior’.

Cuando se descubre que una enorme estrella errante va a colisinar con La Tierra, algunos poderosos deciden construir una nave espacial con la que trasladarse a otro planeta donde se pueda vivir.

Película que hay que ver con cierto distanciamiento irónico (no hay que olvidar que nace con el ‘American Way of Life’ de trasfondo), aceptando que no se acuerden de encontrar alguna plaza para alguien que no parezca ario. Aún así, “Cuando los mundos chocan” explora la psicología de los personajes en una situación de peligro inminente, desarrollando una serie de dilemas morales y sociales con cierto encanto; tiene unos atractivos y primitivos efectos especiales (que lograron un Oscar); a pesar de ser un ejemplo perfecto de relato del fin del mundo en los paranoicos años 50, su argumento es fácilmente extrapolable a la actualidad; y además esta vez no es un héroe solitario o un ejército quien se enfrenta al desastre, sino que es ciencia contra Naturaleza, contra catástrofe. Un film irregular y envejecido pero hecho con entusiasmo e ingenio.

 

– Para interesados en la historia del cine apocalíptico y de catástrofes.

– Imprescindible para amantes de la ciencia-ficción clásica de los 50.

 

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