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Tras el éxito de “El Cuervo” (1994) el realizador australiano Alex Proyas ideó y dirigió este oscuro relato de ciencia-ficción distópica con maneras de cine negro que se convirtió instantáneamente en film de culto (aunque no triunfó en taquilla) por su claustrofóbica atmósfera de pesadilla ciberpunk, su siniestro diseño de producción y su condición de metáfora fatalista del mundo moderno y de la condición humana. “Dark City” es una cinéfila reflexión sobre la identidad y la verdad en la que no faltan alienígenas, conspiraciones institucionales y giros argumentales en un guión con influencias de Philip K. Dick que cierto sector ha señalado como predecesor de “Matrix” (1999). Su oscuro retrofuturismo (escuchamos temas de los 50 como ‘Sway’) con influencias del expresionismo alemán y su estimulante mezcla de géneros (cine negro, ciencia-ficción, terror, …) coloca esta kafkiana distopía futurista entre “Metrópolis” (Fritz Lang, 1927) y “Brazil” (Terry Gilliam, 1985).

John Murdoch (Rufus Sewell) despierta un día sin memoria en la habitación de un hotel. Pronto descubrirá que la policía lo persigue por una serie de crueles asesinatos. En su huida tendrá que ir descubriendo su pasado en un mundo que no es lo que parece.

Sin escenas de acción y con una serie de temas de gran calado filosofófico (como su ‘hermana rica’ “Matrix”, el film de Proyas puede ser interpretado como una alegoría del mito platónico de la caverna), “Dark City” desconcertó a los espectadores que iban buscando un film de ciencia-ficción al uso. Pero aún antes de aparecer la versión del director, “Dark City” ya demostraba el interés por lo estético y lo visual de Alex Proyas (gran trabajo del director de produción Patrick Tatopoulos, abundante en espirales y relojes que evocan la paranoia y la suspensión temporal); además de su ambición por confeccionar un discurso tan complejo como profundo sobre la realidad que nos rodea. Proyas repetiría en la ciencia-ficción con mensaje con “Yo, robot” (2004) y “Señales del futuro” (2009); aunque sin lograr la calidad de “Dark City”.

 

– Para amantes de los relatos criminales con un aderezo poco habitual.

– Imprescindible para interesados en el ciberpunk más siniestro.

 

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