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Como una de las primeras adaptaciones cinematográficas de las obras de Neil Simon, cuyos argumentos poblarían la comedia inteligente de la década posterior (“La extraña pareja”, 1968, del propio Gene Saks, “La pareja chiflada”, 1975, o “La chica del adiós”, 1977); “Descalzos por el parque” es una comedia romántica urbana (neoyorquina), bienintencionada pero incisiva, sobre el paso a la edad adulta (los protagonistas deben tener 21 o 22 años), con divertidos secundarios y algunas secuencias verdaderamente tronchantes. Simon y Gene Saks (era actor, pero gozó de cierta popularidad a finales de los 60 dirigiendo films como “Flor de cactus”, 1969) abogan por el entendimiento a través de las peripecias del joven matrimonio protagonista, enfrentando las dos Américas que estaban concretándose al final de los 60: por un lado las corrientes liberales, hippies y antisistema; y por otro las conservadoras, defensoras de la Guerra de Vietnam o de la obediencia a las normas como forma de mantener unidos los EE.UU.

Paul (Robert Redford) y Corie (Jane Fonda) son dos recién casados que se trasladan a su primera casa: un diminuto apartamento en un 5º piso sin ascensor. Pronto surgirán los problemas.

Hay todo un subgénero sobre ‘parejas de recién casados’, sobre las dificultades que surgen cuando le das el estatus de institución social/contractual a un sentimiento como el que lleva a dos personas a compartir sus vidas; y esta es una de las más deliciosas muestras de este género, con algo de amargura (ambos han de ceder y abandonar sus ideales iniciales, acaso es eso convertirse en adulto), pero con una frescura irresistible. Aquí, Neil Simon no se limita a criticar el estilo de vida cuadriculado de una sociedad preocupada más por la convenciones establecidas que por disfrutar de la vida, sino que también pone de relieve el absurdo del lado opuesto, abogando por el punto medio, el que siempre se tiene que establecer en una pareja. Robert Redford repetía en el papel que le había dando fama en Broadway (su siguiente film lo consagraría precozmente: “Dos hombres y un destino”, 1969).

 

– Para completistas de las mejores comedias de la historia.

– Imprescindible para conocer a un dramaturgo tan divertido como olvidado.

 

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