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La eterna lucha entre las cadenas de la tradición más dogmática representada por el mundo de los adultos y ese idealismo romántico que a menudo tristemente desaparece cuando dejamos de ser jóvenes (o precisamente por eso) sirve de columna vertebral del inteligente, y algo obvio, guión de Tom Schulman “Cariño, he encogido a los niños”, 1989); el cual consigue evitar la lágrima fácil gracias a una dirección tan profesional como personal del gran Peter Weir (“Picnic en Hanging Rock”, 1975, “Único testigo”, 1985, o “El show de Truman”, 1998)) y a unas correctas interpretaciones por parte del joven elenco y del ‘payaso convertido en actor’ Robin Williams. Aunque habitualmente denostada por sensiblera, “El Club de los Poetas Muertos” es uno de los más emocionantes films sobre la rebeldía adolescente de las últimas décadas además de haberse convertido en fuente de elementos icónicos (la escena final sobre las mesas o cuando el profesor propone romper los libros).

A finales de los años 50, en un estricto colegio privado, el profesor de literatura John Keating (Robin Williams) anima a una serie de alumnos con su pasión por la poesía y por la vida. Por ello, Todd (Ethan Hawke), Neil (Robert Sean Leonard), Knox (Josh Charles) y Charlie (Gale Hansen) fundarán en secreto el ‘Club de los Poetas Muertos’.

Ambientada a finales de los años 50, época de cambios en la enquilsada América del ‘American Way of Life’, “El club de los poetas muertos” una historia de pérdida de la inocencia, de crecimento personal; una oda a la libertad de pensamiento, a la poesía, al arte, al inconformismo y a la juventud. Cargada de referencias a clásicos americanos como Walt Whitman, Robert Frost, o Henry David Thoreau, autor de “La desobediencia civil” (1848) o “Walden” (1854); y a británicos como Alfred Tennyson o William Shakespeare; trasciende el mero relato de ‘profesor inspirador’ para convertirse en un buen estudio de sobre ciertas corrientes o ideas de la literatura lírica anglosajona. Puede ser predecible, pero mantiene el interés con inteligencia, entreteniendo y emocionando.

 

– Para amantes de los relatos refinados de iniciación adolescente.

– Imprescindible para completar el puzzle heterogéneo que es la filmografía de Peter Weir.

 

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