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25 años después de su exitosa primera novela, el escritor Walter Tevis recuperó a su carismático protagonista para confeccionar un relato de corte crepuscular. Martin Scorsese, como cinéfilo irredento que es, hizo lo propio con el mítico film “El buscavidas” (Robert Rossen, 1961), recuperando al mítico Paul Newman, que un cuarto de siglo después pasaba de aprender lecciones vitales a base de tragedias a ejercer de maestro con pasado tortuoso, moralmente ambiguo y atractivamente maduro. “El color del dinero” es una entretenida reflexión existencial, con estupendas escenas de billar y todo lo que una película necesita para atraer al espectador; incluida la maestría en la puesta en escena de Martin Scorsese (inspirada, al igual que la fotografía de Michael Ballhaus, en el clásico de Michael Powell “Narciso Negro”, 1947) o la banda sonora de Robbie Robertson, repleta de clásicos populares de lo más variado (de Antonio Carlos Jobin a Charlie Parker, de Verdi a Eric Clapton, de Muddy Waters a Warren Zevon.

Tras décadas sin jugar al billar, el antiguo ‘buscavidas’ Eddie Felson (Paul Newman, que en su octava nominación logró por fin el Oscar) se ve reflejado en Vincent (Tom Cruise), un joven arrogante al que acogerá como pupilo.

“El color del dinero” también se puede interpretar como una amarga parábola sobre el relevo generacional con Tom Cruise relevando a Paul Newman en el ‘star system’ y el joven protagonista heredando, desde el espíritu de los años 80, las pesimistas lecciones vitales de un Eddie Felson cínico y desencantado. A pesar de esto el film es, al contrario que “El buscavidas”, más brillante en sus formas que en su contenido (un argumento un tanto típico realzado por un gran reparto de secundarios como John Turturro o Forest Whitaker, además de por sus virtudes técnico/artísticas). Scorsese fichó a jugadores profesionales para enseñar jugadas a los actores y para llevar a cabo algunos de los tiros más difíciles. Tal vez sea un ‘film menor’ de Scorsese, pero lo cierto es que tienes tantas virtudes como las mejores obras de otros autores.

 

– Para coleccionistas del mejor cine de los 80.

– Imprescindible para amantes del billar y el cine.

 

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