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Tras casi una década rodando cortos, Roman Polanski se estrenó en el largometraje con “El cuchillo en el agua”, un thriller dramático de situación que, con solo 29 años, lo convirtió en una de las grandes estrellas del cine de autor europeo (pronto llegarían “Repulsión”, 1965, “La semilla del diablo”, 1968, o “Chinatown”, 1974). Un calculado argumento cargado de suspense y erotismo que haría las delicias de Alfred Hitchcock; una claustrofóbica atmósfera creada a partir de violencia contenida, negra ironía y premonitorios simbolismos; una concepción estética y una puesta en escena que potencian su belleza visual; tres actores, un escenario y la habilidad y eficacia de Polanski en la narración y presentación de la historia; son elementos más que suficientes para elevar este film de bajo presupuesto al estatus de genial, atrevida y personalísima (podemos encontrar en “El cuchillo en el agua” muchas de las constantes del cine de Polanski: sexo, crimen, relaciones tumultuosas, …) lección de cine.

Andrzej (Leon Niemczyk) y Krystyna (Jolanta Umecka) son una pareja que recogen a un joven autoestopista(Zygmunt Malanowicz) y lo invitan a navegar con ellos en un lago. A bordo del barco pronto comenzarán a surgir tensiones.

La tensión sexual es la columna vertebral de este triángulo amoroso convertido en perverso y tramposo juego de conquista; moviendo a los personajes y actuando como prisma a través del que observar el film. A base de un sutil humor y mucha sugerencia, sacando intensidad de los elementos más mínimos, Polanski construye unos perfiles psicológicos tan perturbadores como realistas. “El cuchillo en el agua” también puede ser vista como una parábola social, tirando a experimental, que enfrenta a dos clases (o a dos edades) para que estas puedan satisfacer sus ‘necesidades’; o como una representación irónica de los impulsos testosterónicos. A destacar también la jazzistica banda sonora de Krzysztof Komeda (que moriría en 1968 tras diversas colaboraciones con (Polanski) y la seca fotografía en blanco y negro de Jerzy Lipman.

 

– Para quien quiera saber de dónde viene Roman Polanski.

– Imprescindible para interesados en los resortes del suspense cinematográfico.

 

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