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Con Sergio Donati, colaborador de Sergio Leone, en el guión, Lee Van Cleef de protagonista o la banda sonora de Ennio Morricone; el realizador, curtido como guionista de serie B y especializado en westerns (“Cara a cara”, 1967) y thrillers (“Ciudad violenta”, 1970, o “Revolver”, 1973), Sergio Sollima, construyó uno de los spaghetti westerns (rodado en Tabernas o Cabo de Gata) más prestigiosos al margen de la obra de Sergio Leone (eso si, con gran influencia de la ‘Trilogía del dólar’). Duelos a muerte, malos malísimos, tiroteos, tipos duros, violencia, escenarios polvorientos, cazarrecompensas, ambigüedad moral, algo de humor, cierta reivindicación social y diálogos tan escasos como cortantes; en definitiva todo lo que tiene que tener un buen spaghetti western. Pero también una mirada crítica a los últimos compases del salvaje oeste, mostrando como los poderosos se aprovecharon de los pobres y los campesinos para forjar su imperio a base de abusos y corrupción política.

Antes de retirarse para dedicarse a actividades más respetables, el cazarrecompensas Jonathan Corbett (Lee Van Cleef) emprenderá la búsqueda de Cuchillo (Tomás Milián), un joven mexicano acusado de violar a una menor.

Lee Van Cleef (que pasó de simple rostro característico en el western USA a estrella rutilante en Europa) está estupendo en su primer protagonista absoluto, además de ser la primera vez que era el héroe de la función. Además el estupendo guión de Sollima y Donati se sale, con cierta timidez, de los cánones habituales del género; erigiéndose en una parábola sobre la Italia bajo el mandato de Mussolini, una suerte de spaghetti western político vestido con las virtudes más populares del género. Su acertada reconstrucción histórica (escenarios, vestuario, …), los icónicos títulos de crédito de Iginio Lardani o la realización de Sollima (un duelo final memorable) le dan una fuerza y un ingenio por encima de la media de este tipo de productos. El propio Sollima dirigió la secuela “¡Corre, Cuchillo… corre!” (1968), que se centraba en el personaje de Tomas Millian.

 

– Para coleccionistas de hitos del eurowestern.

– Imprescindible para buscadores de política en el cine del oeste.

 

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