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Aunque no goza de la popularidad de otras películas de Frank Capra (“Sucedió una noche”, 1934, “Arsénico por compasión”, 1944, o “¡Qué bello es vivir!”, 1946), “El secreto de vivir” es una de sus grandes obras maestras; donde se condensan a la perfección todos los rasgos que caracterizaban su cine (ese optimismo bienintencionado acompañado de cierta crítica social y moral), uno de los iconos cinematográficos más representativos del Hollywood de la Gran Depresión (de 1929 a la II Guerra Mundial). “El secreto de vivir” es cine moral, una exposición de diversos dilemas que sacudían un país sumido en la pobreza. Y es que el film propone una parábola sobre lo que ocurre a una sociedad marcada por el egoísmo cuando aparecen valores como la generosidad y el altruismo (aunque obviamente el shock inicial termina cediendo a la bondad). Una influyente comedia romántica, clásica compositiva y narrativamente, en la que se ha mirada gran parte del género en el último siglo.

Longfellow Deeds (Gary Cooper) es un tipo sencillo de un pequeño pueblo de Vermont que un día hereda 20 millones de dólares. La periodista Louise ‘Babe’ Bennett (Jean Arthur) no será la única en tratar de aprovecharse del nuevo millonario.

Capra buscaba cierto realismo social que mostrase lo que sucedía en los EE.UU. de la época (con algunas escenas muy explícitas en este sentido), a la vez que entretenía a estos con una historia divertida, emocionante y sin trucos. Junto a su habitual guionista Robert Riskin también trata otro de sus temas preferidos: el periodismo y los medios de comunicación; criticando su falta de escrúpulos pero también mostrando cierto cariño por un oficio que podía manipular a su antojo la opinión pública (como en “Juan Nadie”, 1941), personificado en ese rol femenino tan propio de la época y a la vez tan actual: la mujer fuerte e independiente, trabajadora y ambiciosa, que no obstante termina cayendo en las garras del amor más convencional. Adam Sandler hizo las veces de Gary Cooper en un poco logrado remake (“Mr. Deeds”, 2002, de Steven Brill).

 

– Para interesados en el bienintencionado cine de entreguerras hollywoodiense.

– Imprescindible para acercarse a la carrera del mítico Frank Capra.

 

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