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Como director, Stanley Kramer a menudo se ha mostrado preocupado por las injusticias y dilemas sociales (“Vencedores o vencidos”, 1961, o “Adivina quien viene esta noche”, 1967) desde el mismo corazón de la industria hollywoodiense; y como productor sabe cómo arriesgarse y dar al espectador lo que quiere (“La herencia del viento”, 1960, o “El mundo está loco, loco, loco, loco”, 1963). Aquí mezcla con talento ambas vertientes, demostrando que se sentía igual de bien en cualquier género, logrando uno de los grandes films de ‘prisioneros en fuga’ con un mensaje sobre la superación de las diferencias, sobre la igualdad y la necesidad de colaboración. Y es que “Fugitivos” es una acertada parábola con maneras realistas sobre los prejuicios raciales disfrazada de entretenido film de aventuras criminales, que parece decirnos que el odio proviene del desconocimiento del otro.

Noah Cullen (Sidney Poitier) y John ‘Joker’ Jackson (Tony Curtis) son dos presos que, tras un accidente en el autobús que los lleva a la cárcel, escapan encadenados uno al otro. Pronto se darán cuenta de que tendrán que cooperar.

Con unas estupendas interpretaciones, tanto de Poitier (lo convirtió en estrella, incluso logró el Oso de Plata al mejor actor en Berlín) y Curtis (en su mejor momento, entre “Los vikingos”, 1958 y “Con faldas y a lo loco”, 1959) como de los perseguidores; la oscarizada fotografía en blanco y negro del gran Sam Leavitt (habitual de Kramer o Preminger); buenos diálogos cargados de afiladas réplicas; y su mirada no siempre amable al sur, con sus cadenas de presos’, sus pantanos y sus costumbres tradicionales; “Fugitivos” extrae de su sencilla, pero llamativa, premisa una buena configuración psicológica de los personajes, un argumento perfectamente dosificado y un mensaje de concordia que se unía a los movimientos por los derechos civiles que estaban surgiendo en EE.UU. (el incidente de Rosa Parks había sucedido solo tres años antes). Los protagonistas recorren el camino hacia la libertad, hacia la ruptura de las cadenas de los prejuicios y el odio irracional.

 

– Para amantes del cine clásico hollywoodiense de calidad.

– Imprescindible para interesados en el cine como herramienta didáctico/moral.

 

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