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La tercera película de Astérix tras “Astérix el Galo” (1967) y “Astérix y Cleopatra” (1968) es una joya de la animación verdaderamente para todos los públicos, capaz de entretener a niños y adultos, con sus dobles sentidos y sus sarcasmos. Un ejemplo genial de la maestría de la saga de Astérix para combinar el entretenimiento puro (aventuras, comedia y acción) con cierta crítica al imperialismo, con su racionalización tecnócrata (inolvidable la secuencia de las ventanillas y los burócratas) y su inepto uso de la violencia. Como directores, guionistas y productores, los creadores originales de los cómics, Goscinny y Uderzo, idearon una historia original (que solo después aparecería en papel), con una atractiva premisa argumental, que se convirtió en una de las mejores y más recordadas de los intrépidos galos; además de el más exitoso film de Astérix, convertido en película de culto.

Inspirado por las legendarias 12 pruebas de Hércules, Julio César propone a la inconquistable aldea gala 12 nuevas pruebas que demostrarán si están a la altura de los dioses. Los elegidos para superar las pruebas serán, claro, Astérix y Obélix.

Con sus rupturas de la cuarta pared y su alocado humor (a menudo basado en romanos recibiendo palizas), parece mirarse en los irreverentes cartoons de la Warner; y el hecho de que el argumento esté vertebrado por doce pruebas bien delimitadas, tan ingeniosas como divertidas, ayuda a seguir con facilidad sus irónicas situaciones y su ágil proceder. Esto, unido a su cuidada animación tradicional (se utilizó el método xerográfico); a unos personajes fieles a los cómics; a cierto valor didáctico como jocosa divulgadora de la cultura clásica (Roma, Grecia, Egipto, …); y a sus numerosas referencias a la actualidad, con guiños a historias anteriores de los galos o a la Historia (como ese malintencionado guiño a la muerte de Julio César); convierten al film en una gran manera de pasar algo menos de hora y media. Para el film crearon su propio estudio de animación (Studios Idéfix), con el que también produjeron la apreciable “La balada de los Dalton” (1978).

 

– Para amantes del cine de animación tradicional para todos los públicos.

– Imprescindible para acercarse a unos de los grandes iconos del cómic europeo.

 

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