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Viuda del director Jacques Demy (“Los paraguas de Cherburgo”, 1964), Agnès Varda (“Cleo de 5 a 7”, 1962, o “Sin techo ni ley”, 1985), la directora más prestigiosa del cine francés, ha cultivado desde que rodase su primera película allá por 1955, un estilo muy particular en el que mezcla el cine documental (o el realismo más descarnado) con el contenido social, siempre desde el punto de vista de cierta experimentación formal. El documental “Los espigadores y la espigadora” es una soberbia muestra de este estilo, demostrando que con 72 años, Varda, aún se encontraba en plena forma y su cine seguía siendo tan certero, atrevido y pertinente como siempre (aún sorprende con 89 años en “Visages, villages”, 2017). La decana de la ‘Nouvelle Vague’ confecciona un discurso tan inteligente como lírico, entre la protesta y la libertad creativa; una parábola de la sociedad y del arte.

El film es una especie de diario de la directora, que va por Francia mostrándonos diversos ‘espigadores’ (además de entrevistar a diversos especialistas en el fenómeno de la recolección), desde gente que busca comida en los vertederos hasta los que lo hacen en los mercados, pasando por un artista que recolecta materiales para reciclar.

Varda se incluye ella misma en la categoría de ‘espigadora’ (ella es ‘la espigadora’ del título), que con su cámara va escarbando en la sociedad a la búsqueda de ‘joyas escondidas’ que merezcan la pena. Así, la directora belga no tiene suficiente con componer un agudo ensayo crítico del consumismo y una declaración de intenciones artísticas, sino que además inunda la película de ‘basura cinematográfica’ (como esa secuencia en la que se olvida de apagar la cámara), piezas que funcionan como poemas fílmico-costumbristas dando al film una complejidad conceptual más allá de lo evidente. Todo un prodigio, intelectual, artístico, humanista y explorador de las posibilidades del cine que hará que no volvamos mirar la basura de la misma manera. Varda volvió a visitar a los personajes del film en una apreciable secuela: “Dos años después” (2002).

 

– Para amantes del cine social más iconoclasta.

– Imprescindible para conocer a esa ‘outsider’ casi nonagenaria que es Agnès Varda.

 

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