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La primera entrega de su ‘Trilogía Finlandia’ (completada por “Un hombre sin pasado”, 2002, y “Luces al atardecer”, 2006) se convirtió en una de las mejores películas de Kaurismäki gracias a que dejaba atrás productos vocacionalmente bizarros (y cinéfilos) como sus colaboraciones con los Leningrad Cowboys (“Leningrad Cowboys go America”, 1989, y “Leningrad Cowboy meet Moses”, 1994); aunque conseguía combinar mejor que nunca su tendencia al drama truculento con un gélido sentido del humor, dando lugar a un estilo muy personal a base de inteligente ironía y un falso minimalismo que desvía la atención hacia unos personajes poco habladores (y tampoco gesticulan mucho) pero con los que es fácil empatizar. Así, Kaurismäki desarrolla una serie de temas que encajan a la perfección con su limpia (pero cargada de intención) puesta en escena, su maestría a la hora de colocar la cámara (en sus encuadres, los personajes parecen formar parte del escenario).

Residentes en Helsinki, el matrimonio compuesto por Ilona (la musa del director: Kati Outinen) y Lauri (Kari Väänänen) pasa por malos momentos cuando Ilona pierde su trabajo de camarera. Precisamente cuando tienen que mantenerse solo con el sueldo de Lauri, resulta que a este lo despidieron también hace un tiempo, y ha estado engañándola.

A Aki Kaurismäki no le importa como hacen las películas los demás (para el finlandés no tienen sentido vanguardias como el Dogma 95), y buscando una pureza fuera del alcance del cine ‘mainstream’ (prescindiendo de cualquier elemento superfluo) confecciona un film ácido y triste sobre perdedores en plena crisis económica; que emociona además de dejar un rastro cinéfilo que nos llevará desde Robert Bresson o Jean Vigo a su colega Jim Jarmusch. Kaurismäki logró una de persónalísima reflexión sobre los olvidados de la sociedad, sobre los cimientos humanos donde se edifica el poder de las élites económicas; y lo hace sin dejarse llevar por modas, demostrando porqué es uno de los autores cinematográficos más importantes de las últimas cuatro décadas.

 

– Para amantes de las historias mínimas.

– Imprescindible para interesados en descubrir las cinematografias nórdicas.

 

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