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Aunque nunca había dejado de crear apreciables obras perturbadoras, originales y atrevidas (como “eXistenZ”, 1999, o “Spider”, 2002), la carrera del director canadiense se encontraba en horas bajas (en parte debido a que hacía casi 20 años de su último éxito incontestable de taquilla: “La Mosca”, 1986) cuando llegaron la sencilla pero contundente “Una historia de violencia” (2005) y la compleja, sórdida y manipuladora “Promesas del Este”; un relato más bien típico sobre las paradojas morales de la mafia que en manos de Cronenberg se convierte en un documentado y preciso ejercicio de análisis psicológico, violento y un tanto despegado. Las viscerales interpretaciones de Mortensen, Watts, Mueller-Stahl, o un estupendo Vincent Cassel, y el tono de tragedia shakesperiana (que parece no terminar de arrancar) contrarrestan la tendencia a la frialdad calculada que Cronenberg desplegaría en la criticada “Cosmópolis” (2012).

Afectada por la muerte de una joven, la enfermera Anna (Naomi Watts) comienza a investigar, adentrándose en el territorio de la mafia rusa de Londres. Nikolai Luzhin (Viggo Mortensen) es el chófer de una de las familias más importantes de la mafia rusa, liderada por Semyon (Armin Mueller-Stahl). Nikolai, el cual se enamora de Anna, se encontrará en una encrucijada cuando Semyon le ordene que la mate.

Cronenberg se enfrenta a las constantes y los elementos típicos de las películas de gángsters (honor, familia, crimen, …) con su quirúrgico y descarnado estilo; dando vida a un oscuro, corrupto y lluvioso Londres que esconde una especie de submundo (casi lovecraftiano) al que son ajenos los ciudadanos de a pie. En ocasiones puedes olvidar que estás viendo una película de un autor tan transgresor como Cronenberg, lo que lleva a muchos espectadores a juzgarla como si fuese cine negro al uso. Pero es desde el punto de vista de la personalidad del director desde donde ésta se convierte en un maravilloso ejercicio de reinterpretación de los códigos del género (como ya hiciese con el terror en “La mosca”, 1986, o el drama romántico en “Inseparables”, 1988).

 

– Para amantes del cine de gangsters bien hecho y con trasfondo.

– Imprescindible para comprender qué ha sido del concepto de ‘Nueva Carne’, fundamental en los primeros 30 años de carrera de Cronenberg.

 

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