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Casi 40 años después de “Blancanieves y los siete enanitos” (1937) ya existía una generación (o dos) de padres que habían crecido con los dibujos animados de Walt Disney y que llevaban a sus hijos a ver tanto reestrenos como nuevas películas. Estos niños disfrutaron de una de las épocas más experimentales y poco convencional de Disney. Y es que el cine de animación tradicional no pasaba por su mejor momento: los cartoons cinematográficos prácticamente habían desaparecido debido a la popularidad de los dibujos animados televisivos y en cuestión de largos predominaba el cine underground (Ralph Bakshi a la cabeza). Así, “Robin Hood” contaba con un presupuesto más escaso que producciones de décadas anteriores. Pero su excelente elenco de animadores (Don Bluth, Ken Anderson, Ollie Johnston, John Lounsbery, …) consigue imprimir a los personajes y los escenarios un encanto y una profundidad por encima de la media, buenas cantidades de humor, acción, aventuras, música y romance.

Con animales antropomórficos como protagonistas, el film nos cuenta la historia de Robin Hood, un bandido del bosque de Sherwood que robaba a los ricos para compartir su botín con los pobres.

Desde “La bella durmiente” (1959) Disney intentaba compaginar sus señas de identidad tradicionales con las nuevas tendencias culturales y sociales. Uno de los grandes artífices de este período fue uno de los hombres de confianza del estudio, Wolfgang Reitherman (animador Disney desde los años 30 y director de “101 dálmatas”, 1961, “El libro de la selva”, 1967, o “Los rescatadores”, 1977). Aunque Disney pasaba por una ‘epoca oscura’, aún lograban productos rentables y más que dignos; logrando con este su largometraje animado número 21, una delicia ágil y colorida, simpática e irónica, pero sin la personalidad arrebatadora de las mejores producciones Disney. Además cuenta con buenas interpretaciones vocales (Peter Ustinov o Phil Harris, mítico Baloo de “El libro de la selva”, 1967) y canciones de Johnny Mercer (su canción ‘Love’ fue nominada al Oscar), George Bruns o el cantante country Roger Miller.

 

– Para los que saben que lo mejor de Disney está en las ‘caras B’.

– Imprescindible para estudiosos de la historia de uno de los grandes Estudios cinematográficos.

 

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