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El irregular pero siempre interesante director y guionista de Baltimore Barry Levinson ha conjugado en su carrera el cine comercial (“El secreto de la pirámide”, 1985, o “Good Morning Vietnam”, 1987) con un cine mucho más personal, confeccionado a base de retazos autobiográficos, realizado siempre dentro de la industria (“Diner”, 1982, o “Avalon”, 1990). “Sleepers” parece conjugar ambas vertientes: por un lado es una producción Hollywoodiense, algo predecible y políticamente correcta (pese a su peliagudo tema), pero muy bien hecha, efectiva, con un reparto espectacular (podemos encontrar a mitos como Vitorio Gassman o Dustin Hoffman) y un equipo artístico y técnico excepcional; por otro lado es una sórdida y pesimista historia de iniciación que, aunque basada en una Best Seller de Lorenzo Carcaterra, que Levinson tomó como un proyecto personal (también es guionista y productor del film).

John, Lorenzo, Michael y Tommy (interpretados por Ron Eldard, Jason Patric, Brad Pitt y Billy Crudup en su roles adultos) son cuatro amigos del barrio neoyorquino de Hell’s Kitchen, donde el sacerdote Robert Carillo (Robert De Niro) intenta impartir algo de cordura, que un día son enviados a un reformatorio tras una gamberrada que acaba trágicamente. En el reformatorio conocerán a Sean Nokes (Kevin Bacon), un carcelero que cambiará sus vidas.

El tema de los abusos sexuales a menores vertebra este film y funciona como manifestación visible de la fatalidad inherente a vivir en un entorno donde el crimen y la pobreza parecen inevitables (pero extensible a la sociedad en su totalidad). Dura, emocionante y no exenta de polémica entre los sectores más ingenuos y conservadores, “Sleepers” es buen cine de Hollywood, repleto de caras conocidas (lo que tal vez le reste realismo), correcto narrativamente y excelente técnica y artísticamente (estupenda banda sonora de John Williams, una fotografía de Michael Ballhaus que va de lo luminoso a lo tenebroso con soltura), pero con cierta falta de personalidad (además de no atreverse a profundizar en el lado más perturbador de la pederastía).

 

– Para amantes de las historias más truculentas narradas con buen pulso comercial.

– Imprescindible para amantes de los grandes repartos de los 90.

 

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