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Hito de la ciencia-ficción (con presupuesto no muy elevado) que seguía la senda de “El monstruo de tiempos remotos” (Eugène Lourié, 1953) o “Japón bajo el terror del monstruo” (Ishirô Honda, 1954) en el que de nuevo el avance cientifico sin mesura, como símbolo del progreso, vuelve a poner en jaque a la humanidad; con viajes espaciales, alienígenas y ciudades en peligro. El productor Charles H. Schneer se convirtió en el mejor cómplice de Ray Harryhausen y su esmerada e imaginativa animación ‘stop-motion’, colaborando en clásicos del cine fantástico como “Simbad y la princesa” (1958), “Jasón y los argonautas” (1963) o “Furia de titanes” (1981). A pesar de ser solo el creador de los efectos especiales, Harryhausen participó en la dirección o el guión de “A 20 millones de millas de la Tierra”, una de las mejores ‘monster movies’ de los 50, época dorada de este tipo de films.

Un cohete que regresa de Venus con una sustancia extraterrestre se estrella en la costa siciliana (una estereotipada Italia con secuencia final en el Coliseo incluida). Allí, la sustancias se transformará rápidamente en una gigantesca criatura antropomórfica que sembrará el caos.

Al igual que en la pionera del género “King Kong” (1933), aquí el monstruo despliega una serie de emociones (excelente trabajo de Harryhausen) que lo convierten en el centro de la historia. El film de hecho es el relato de su estancia en la Tierra, un periplo con tintes existenciales en la línea de “Frankenstein” (1931), que el realizador Nathan Juran (“La gran sorpresa”, 1964) desarrolla con pericia. Un monstruo con bastante personalidad, que consigue atraer la atención y provocar empatía (hay quien dice que es mejor actor que el resto del reparto). También está en “A 20 millones de millas de la Tierra” el tema del miedo a lo desconocido (a menudo materializado en un insuficiente despliegue militar), aquí verdadero catalizador de la tragedia. Pero en definitiva puro cine de entretenimiento, con el encanto y la aparente inocencia de la época, que esconde una reflexión un tanto pesimista sobre la humanidad.

 

– Para amantes del cine de monstruos clásico.

– Imprescindible para interesados en el maestro Ray Harryhausen.

 

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