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Habitual en festivales como Cannes, Venecia o Berlín, el director turco-alemán Fatih Akin (“Corto y con filo”, 1998, “Al otro lado”, 2007, o “En la sombra”, 2017) no dejó a nadie indiferente con su cuarto largometraje; un melodrama crudo y desolador de difícil visionado (pero aconsejable para cualquier aficionado al cine), con el que profundiza en lo peor de la sociedad y en lo más turbador de la condición humana. A partir de una estructura sencilla, el film va cargando las tintas con sus realistas e impresionantes imágenes que buscan transportar al espectador hacia la desagradable realidad del mundo y de los, más dificilmente solucionables, problemas sociales. Y es que a su manera brusca y descarnada, “Contra la pared” es también cine social, oscuro y desencantado, tratando temas como el empleo, el machismo o la incomunicación generacional; siempre buscando la belleza de lo sórdido entre ofensivas escenas y diálogos violentos.

El film cuenta la relación entre Cahit (Birol Ünel), un hombre de mediana edad deprimido por la muerte de su mujer, el cual decide suicidarse estrellándose con su coche; y Sibel (Sibel Kekilli), una joven veinteañera que también ha intentado suicidarse, en este caso por la represión a la que su (religiosamente) estricta familia la tienen sometida. Sibel propone a Cahit que se casen para que su familia la deje en paz y ella pueda vivir una vida normal; Cahit accede a regañadientes, sabiendo que no será tan sencillo.

“Contra la pared” es una singular historia de amor, de corrosivo pesimismo, que funciona como cruel parábola de las relaciones entre oriente y occidente, entre la modernidad y la tradición; con el fenómeno de la inmigración, las adicciones y la alienación humana como trasfondo. Dolor, sangre, sudor y lágrimas como truculenta materialización (Akin no se corta a la hora de mostrar sexo, drogas o violencia explícita) de los problemas psicológicos de la sociedad moderna, funcionan como motor de esta tragedia moderna visualmente contundente y narrativamente ágil (con interludios musicales, con composiciones del mítico saxofonista Maceo Parker, que evocan el coro de las tragedias griegas).

 

– Para amantes del cine sin contemplaciones.

– Imprescindible para ahogar el optimismo ingenuo.

 

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