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El artesano del cine de bajo presupuesto Joseph H. Lewis demostró su talento para el cine de entretenimiento en el cine bélico (“Paralelo 38”, 1952), westerns (“Terror en una ciudad de Texas”, 1958) o comedias (“Tío Willie”, 1948); pero fue el cine criminal donde más destacó su facilidad para dignificar, casi sin medios, argumentos tópicos o actores mediocres. Así llegarón pequeñas joyas como “The Falcon in San Francisco” (1945), “Agente especial” (1955) o “El demonio de las armas”, fuente de partida e inspiración para obras maestras del ‘chico-conoce-chica-y-juntos-huyen-de-la-justicia’ como “Al final de la escapada” (Jean-Luc Godard, 1959) o “Malas tierras” (Terrence Malick, 1973). “El demonio de las armas” es uno de los grandes clásicos de la serie B de todos los tiempos; cine barato pero plagado de innovaciones narrativas (como la escena del atraco al banco rodada en un único plano), rodado con brío y frescura, con personajes inolvidables y un aliento ‘outsider’ irresistible.

Inspirada en la historia de Bonnie & Clyde, el film sigue a un excombatiente (John Dall) que conoce a una chica (Peggy Cummins), con la que comparte cierto fetichismo malsano por las armas de fuego; juntos iniciarán un descenso a los infiernos de la delincuencia.

Con unos personajes desarraigados y perdedores propios del cine negro, esta historia de amor sin frenos y huida hacia el vacío fue escrita nada menos que por Dalton Trumbo, bajo seudónimo (pues estaba perseguido por el Comité de Actividades Antiamericanas), y representa una de las cumbres de la independencia de bajo presupuesto en unos años en los que los grandes estudios lo dominaban todo. Y es que tras “El demonio de las armas” se esconde algo más que un thriller criminal; es una historia de amor fatídico que haría las delicias de un Shakespeare amante de las armas de fuego; además de un retrato malintencionado y desolador de unos EE.UU. que pretendían vivir en un paraíso repleto de coloridas y felices urbanizaciones de extrarradio cuando en realidad ocultaban una serie de prejuicios y problemas sociales que los corroían por dentro.

 

– Para los que quieran saber de donde salen “Asesinos Natos” o “Amor a quemarropa”.

– Imprescindible para los que gusten de los dramas criminales con sustancia conceptual y cinematográfica.

 

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