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Clásico del expresionismo alemán que se adelantó más de una década al “Frankenstein” (1931) de James Whale (al que sirvió de inspiración) como la primera gran criatura (literalmente ‘creada’) del horror cinematográfico; y en el que el actor Paul Wegener (que ya había interpretado al Golem en dos ocasiones) y el director Carl Boese desplegaron todos las innovaciones técnicas que estaban a su mano en un apreciable ejercicio estético y una contundente puesta en escena. De irregular calidad cinematográfica, los mayores méritos de “El Golem” están en su condición de pionera del expresionismo y de las vanguardias cinematográficas del cine mudo; en sus innumerables ramificaciones en el cine de terror, ciencia-ficción y fantasía posterior, y en haber dado al cine un icono como es este gigante de barro protector de judíos (que adapta una exitosa novela de Gustav Meyrink que se inspiraba en la popular leyenda hebrea).

En el gueto judío de Praga, durante el siglo XVI, el rabino Löw (Albert Steinrück) modela una enorme figura de arcilla de El Golem (Paul Wegener), al que dará vida con el fin de que evite la expulsión de los judíos que ha ordenado el emperador Rodolfo II. Pero cuando el rabino intente ‘desactivar’ al Golem se dará cuenta que ya no puede, ha escapado de su influencia.

Aunque las intenciones temáticas y conceptuales de Wegener y Boese no estaban a la altura de las de sus contemporáneos expresionistas (Fritz Lang, F.W. Murnau o Robert Wiene), el uso que hacen de la figura del legendario Golem tiene el suficiente valor simbólico como para servir como testimonio de la Alemania (o Europa) posterior a la I Guerra Mundial y de estado de los judíos en ella; pero también para convertirse en una perfecta parábola de la condición hebrea de exiliados continuos y una fantasía recurrente para conseguir que esto dejase de ser así. Si además estamos ante una obra maestra de la estética (de la fotografía del mítico Karl Freund a la soberbia reproducción del gueto judío de Praga a cargo del arquitecto Hans Poelzig, pasando por los escenarios del futuro gurú de la serie B Edgar G. Ulmer), ya tenemos una película única.

 

– Para amantes del cine mudo más icónico.

– Imprescindible para genealogistas del cine de terror y de la historia de los autómatas.

 

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