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El director y guionista cubano Juan Carlos Tabío se unió a su veterano compatriota Tomás Gutiérrez Alea (una de las cabezas visibles del Nuevo Cine Latinoamericano de los 60 gracias a films como “La muerte de un burócrata”, 1966, o “Memorias del subdesarrollo”, 1968) para crear uno de los mayores éxitos del cine cubano. En “Fresa y chocolate” el compromiso con las ideas políticas se combina con la crítica al gobierno en un film emocionante y valioso donde Gutiérrez Alea y Tabio saben conseguir un equilibrio perfecto entre la comedia y el drama, entre la crítica y el entretenimiento, entre el realismo y los recursos puramente cinematográficos; logrando una película que, a pesar de desarrollar ideas polémicas (pionera en tratar el tema de la homosexualidad en el cine caribeño) y conceptos complejos relacionados con la política, la moral y la sociedad, se ve con facilidad.

Ambientado en La Habana de los años 70, el film ahonda en la relación entre Diego (Jorge Perugorría), un artista homosexual que sobrevive a la homofóbia del régimen cubano; y David (Vladimir Cruz), un heterosexual convencido de que las ideas comunistas de su querida Cuba no tienen ninguna fisura. Entre ambos surgirá una gran amistad.

Basada en el premiado cuento del escritor Senel Paz (que también escribe el guión), “El lobo, el bosque y el hombre nuevo”, la película es una reflexión sobre la amistad, el respeto y la libertad; una emotiva, divertida y sincera historia de ‘amor en tiempos difíciles’, demostración de que los polos opuestos no lo son tanto. Además “Fresa y chocolate” no es sencillamente una mirada crítica a la represión bajo el régimen de Fidel Castro; sino más bien un discurso universal en torno a la homofobia en particular (como en muchos otros sitios en la época en la que está ambientada, la homosexualidad era intolerable en Cuba) y a la opresión en general (problemas no exclusivos de la Cuba de finales de los 70). Una mirada fresca e inteligente al pueblo cubano, sus calles, su luz y sus gentes, que además de educar en valores y entretener, también tiene valor documental.

 

– Para románticos con conciencia política.

– Imprescindible para empezar a conocer el, hoy algo denostado, cine cubano.

 

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