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Antes de su definitivo regreso al western con “La diligencia” (1939), film que supuso un punto de inflexión en su carrera, el legendario director John Ford rodó en los años 30 algunos clásicos en otros géneros: el claustrofóbico cine bélico de “La patrulla perdida” (1934), el thriller dramático con tintes expresionistas de “El delator” (1935) o “Huracán sobre la isla”, un film de aventuras exóticas aderezado de cine de catástrofes y drama romántico. Alegato anticolonialista y contundente drama hollywoodiense, que en manos del artesano John Ford (con más de 80 largometrajes y 20 años de carrera a sus espaldas), el asistente de dirección Stuart Heisler (futuro responsable de clásicos del cine negro como “La llave de cristal”, 1942) y el productor estrella Samuel Goldwyn, se transforma en una lección de puesta en escena coronada por un espectacular despliegue de efectos especiales.

Contada en flashback, la película cuenta la historia de Terangi (Jon Hall) un joven nativo de una colonia francesa de los Mares del Sur. Terangi será condenado injustamente y pasará años en prisión antes de poder volver a reunirse con Marama (Dorothy Lamour), con la que acababa de casarse.

Con efectos especiales creados por el director artístico James Basevi (responsable del terremoto de “San Francisco”, 1936, de W.S. Van Dyke), el huracán del título funciona como una metáfora climatológica de la tumultuosa situación social. Rodada en la Samoa Americana, nos muestra la visión estadounidense del ‘buen salvaje’, pero pasada por el prisma humanista y contundente de John Ford. Y es que la novela en la que se basa es los autores de “Motín en el Bounty”, y también reflexiona sobre el colonialismo y la relación de los occidentales con los indígenas supuestamente inferiores. Con el huracán rugiendo durante el tercer acto, esta superproducción nos habla de que la vida y la libertad siempre salen adelante, rompen cadenas e injusticias y lo ponen todo en su sitio. El productor Dino de Laurentis y el director danés Jan Troell hicieron un olvidable remake en 1979.

 

– Para interesados en explorar las virtudes del cine de los años 30.

– Imprescindible para apreciar a John Ford fuera del cine del oeste.

 

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