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Considerado un film menor de Hitchcock (no tuvo mucho éxito en el momento de su estreno), “Marnie, la ladrona” es una digna pieza de una de las carreras cinematográficas más impresionantes de la historia. El segundo trabajo de Tippi Hedren con Hitchcock tras “Los pájaros” (1963), que obtuvo el papel cuando lo rechazó Grace Kelly (princesa de Mónaco desde 1956), es un enfermizo y cruel, irónico y malintencionado thriller psicoerótico, intencionadamente artificial (hoy puede considerarse un tanto kitsch), crecido por el portentoso trabajo de realización de Alfred Hitchcock (con sus cuidados encuadres, sus picados, sus planos detalle y sus inquietantes movimientos de cámara). Hitchcock ya tenía poco que demostrar, pero seguía interesado en provocar al espectador, en mostrar en una película cosas que hasta el momento no se habían mostrado (como la secuencia de la violación).

Marnie (Tippi Hedren) es una cleptómana que va cambiando de identidad, obteniendo trabajos donde poder robar. Hasta que un día se cruza con Mark Rutland (Sean Connery, que se había convertido en estrella con “Agente 007 contra el Dr. No”, 1962), un jefe que no solo no se deja engañar, sino que se obsesiona con ella.

El thriller psicológico es el caldo de cultivo perfecto para los turbulentos intereses de Alfred Hitchcock (sexo, violencia, crimen, engaños, locura, ‘femmes fatale’ rubias, …). Además “Marnie, la ladrona” también es el producto del interés de Alfred Hitchcock por el psicoanálisis, utilizándolo como ‘mcguffin’ narrativo de una manera un tanto simplista, pero siempre entretenida. Supuso la última colaboración del mítico compositor Bernard Herrmann con el maestro del suspense, al que acompañó durante una década (1955-1964) en algunas de sus obras más importantes (“Vértigo”, 1958, “Con la muerte en los talones”, 1959, o “Psicosis”, 1960). También fue la última vez que Hitchcock contó con el director de fotografía Robert Burks (oscarizado por “Atrapa a un ladrón”, 1955), que hace un estupendo trabajo imprimiendo un brillante colorido salpicado de un simbólico tono escarlata. Para completistas de las joyas del suspense de Alfred Hitchcock. Imprescindible para interesados en el uso de la psicología en el cine.

 

– Para completistas de las joyas del suspense de Alfred Hitchcock.

– Imprescindible para interesados en el uso de la psicología en el cine.

 

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