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Basada en la novela de uno de los más originales escritores (no solo) de ciencia-ficción moderna, “Matadero Cinco” es un film (anti)bélico en torno a la muy explotada II Guerra Mundial, pero lo es de una manera extravagante, ingeniosa e inteligente. Sin llegar a la agudeza de la obra original, George Roy Hill (“Dos hombres y un destino”, 1969, “El golpe”, 1973, o “El castañazo”, 1979) y el guionista Stephen Geller consiguen imprimir a esta surrealista epopeya vital un tono satírico-crítico y una vocación de alegoría social (ese protagonista alienado como metáfora del hombre moderno) que la convertían en una rareza dentro de las producciones hollywoodienses. Guerra, ciencia-ficción, drama biográfico, humor negro y la música de Bach en manos del prodigioso pianista Glenn Gould se entrecruzan en un cóctel insólito que tal vez no se pueda apreciar del todo sin el contexto de la Nueva Ola de la literatura fantástica (donde se exploraban temas y formas nuevos) que se estaba viviendo, sobre todo a nivel literario, desde finales de los 60.

En un ejercicio narrativo de ruptura de la linealidad que remite a la estructura de la memoria, “Matadero Cinco” nos traslada con melancolía a los sucesos más destacables de la vida de Billy Pilgrim (Michael Sacks), que combatió en el bombardeo de Dresden (Kurt Vonnegut estuvo de verdad allí) y fue abducido por extraterrestres.

El film consigue tratar el sin sentido y la crueldad de la guerra con sus absurdas situaciones e incluso representar con acierto la forma en que los recuerdos (y en este caso las visiones del futuro) llegan a nuestra mente; pero nunca de una manera suficientemente consistente. Además su idas y venidas temporales pueden desconcertar y su excesivas ambiciones filosóficas (todo en el fondo es una reflexión existencialista) terminan por hacer que “Matadero Cinco” pierda coherencia. Pero aún con todos sus defectos, “Matadero Cinco” es una película única, apreciable, atrevida y distinta; una defensa cinematográfica del tiempo como un todo, pasado, presente y futuro combinados (concepto visto en “La llegada”, 2016, de Denis Villeneuve).

 

– Para interesados en los pastiches genéricose.

– Imprescindible para amantes de la ciencia-ficción intelectual.

 

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