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Aunque supuso un descenso de profundidad y calidad cinematográfica, “Rocky II” fue un éxito arrollador que dio al espectador más acción y espectáculo, sin olvidarse de los elementos dramáticos; demostró que Stallone estaba a la altura a la hora de dirigir, escribir y protagonizar; e impulsó una saga y un personaje icónicos que siguen llenando cines. Stallone logró un entretenimiento de calidad, con vibrantes combates (memorable clímax final), toques de humor, drama humano, superación y unos toques de realismo social (tratando temas como el machismo o la exclusión). Mientras que la primera entrega trataba el tema de que nunca es tarde para hacer algo importante, “Rocky II” nos habla de que incluso eso es temporal, todo pasa, intensificando la humildad del protagonista.

Tras el combate contra Apollo Creed (Carl Weathers), Rocky (Sylvester Stallone) decide retirarse. Se casa con Adrian (Talia Shire) y comienza a ganar dinero gracias a la popularidad ganada con el combate. Pero los problemas no tardan en aparecer y Rocky ha de plantearse volver a pelear.

“Rocky II” dio al público la tan deseada victoria definitiva que había quedado pendiente en “Rocky” (1976); y lo hizo repitiendo la misma fórmula de la primera parte, explotando ese canon de ‘regreso-al-ring’ tan habitual en las películas de boxeo (y por supuesto en las de Rocky) y sin contar prácticamente nada nuevo sobre su protagonista (en vez de eso remarca su silueta fijándolo en la retina de la cultura popular). Los diálogos también pierden realismo con respecto a la la primera parte, pero ganan en contundencia y carisma gracias a intensas frases lapidarias propias del cine de acción ochentero. Así, “Rocky II” pierde originalidad pero mantiene el tipo con bastante categoría gracias a la habilidad comercial de Stallone, buenos actores, la carismática banda sonora de Bill Conti (con el tema ‘Gonna Fly Now’ por bandera) y más que aceptables apartados técnicos y artísticos. Posteriormente se explotó más el lado comercial y grandilocuente, dango lugar a taquilleros engendros de culto como “Rocky IV” (1985).

 

– Para amantes de los dramas deportivos.

– Imprescindible para coleccionistas de iconos del cine moderno.

 

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