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Uno de los primeros trabajos del director inglés en EE.UU., un año después de “Rebeca” (también protagonizada por Joan Fontaine), “Sospecha” es un apreciable thriller psicológico con trasfondo romántico y un arranque casi de comedia romántica. A pesar de no estar a la altura de las grandes obras de Hitchcock, “Sospecha” es un más que digno ejemplo de porqué era el maestro del suspense, un preciso ejercicio de creación de tensión y atmósfera (con la inestimable ayuda de la casi siempre luminosa fotografía en blanco y negro de Harry Stradling Sr. y la partitura amenazante de Franz Waxman) donde se profundiza en la recurrente pregunta de si conocemos verdaderamente a la persona con la que compartimos nuestra vida; dando lugar a una intrigante trama tan sencilla como efectiva en la que los personajes van evolucionando a base de paranoia y sospechas (a unos clásicos estereotipos hollywoodienses Hitchcock les añade diversas capas de ambiguedad e inestabilidad).

Lina (Joan Fontaine, que logró el Oscar ala mejor actriz) es una joven adinerada que se enamora de Johnnie (Cary Grant). Tras casarse con el, Lina comienza a sospechar que Johnnie no es lo que parece.

Hitchcock hizo lo que quiso con la novela de Anthony Berkeley en la que se basa el film, llevándola a su espinoso terreno, jugando con el subjetivo punto de vista de su protagonista para moverse por una serie de trampas y giros que mantienen el interés del espectador; a pesar de que se dio un hecho omnipresente en su carrera hollywoodiense: no pudo llevar a cabo todas las audacias temáticas a las que aspiraba (dando lugar a un polémico final y a una exploración de lo subliminal y lo soterrado que también es una de sus señas de identidad). “Sospecha” es puro cine de entretenimiento; Hitchcock no tiene interés por mostrarse realista, sino por probar los resortes de la tensión cinematográfica. En ese sentido es un ensayo, de cara a sus posteriores obras maestras. Es fácil pensar 80 años después que esta película no tiene nada nuevo, pero también es muy fácil disfrutar con sus numerosas virtudes.

 

– Para los que creen que las cosas son lo que parecen.

– Imprescindible para estudiosos del ‘estilo Hitchcock’.

 

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