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El mismo año que se estrenó “El club de los cinco” (y con parte del reparto de esta) llegó el otro título paradigmático del ‘brat-pack’ (esa generación de jóvenes actores de los 80), además de ser una de las películas generacionales más recordadas de la década. Sumando comedia agridulce, romance y drama, Joel Schumacher (“Jóvenes ocultos”, 1987, “Un día de furia”, 1993, o “El fantasma de la ópera”, 2004) confeccionó un emotivo relato de entrada en la edad adulta y esmerado catálogo de los consabidos problemas de adaptación que esta conlleva (laborales, sentimentales, sexuales, existenciales,…). Su excelente reparto eleva el valor de esta oda a la amistad un tanto deslavazada que no obstante sabe mantener el equilibrio entre el retrato realista y lo comercial, convirtiéndose en el contrapunto nostálgico y adulto de las comedias adolescentes de los 80.

El film sigue a siete veinteañeros: el enamoradizo Kirby (Emilio Estevez), el juerguista Billy (Rob Lowe), la despreocupada Jules (Demi Moore), el ‘engominado’ Alec (Judd Nelson), el sensible Kevin (Andrew McCarthy), la insatisfecha Leslie (Ally Sheedy) y la tímida Wendy (Mare Winningham).

Tal vez Schumacher no esté a la altura a la hora de profundizar (sobre todo como guionista) en los temas que trata, pero las distintas historias entrelazadas tienen la suficiente fuerza y ritmo para mantener el interés del espectador. “St. Elmo, punto de encuentro”, con su optimismo (resignado), su amargura y su escasa complacencia, tuvo una pésima acogida entre la crítica, pero su éxito en los videoclubs de los 80 la han convertido en un clásico de culto. Y es que es difícil resistirse a unos personajes estereotípicos, pero con suficiente carisma, que aún se agarran al adolescente que fueron (representando los distintos destinos del post-universitario) en el siempre arduo intento de encontrarte a tí mismo en un mundo en el que las responsabilidades parecen derrotarte. Además su cuidada banda sonora (con ‘St. Elmo’s Fire (Man in Motion)’ de David Foster al frente) hará las delicias de los melómanos ochenteros.

 

– Para comparar con los veinteañeros de hoy día.

– Imprescindible para saber quienes eran el ‘Brat Pack’.

 

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