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Siguiendo el camino opuesto que unos años antes habían hecho muchos exiliados del nazismo en Europa; el director de origen ruso Juless Dassin huyó del opresor Hollywood de la ‘caza de brujas’ contra el comunismo que lideró el senador McCarthy. En Francia volcó lo que había aprendido del cine negro clásico de los 40 (“La ciudad desnuda”, 1948, o “Noche en la ciudad”, 1950) en la obra maestra del cine de ‘crímenes perfectos’ “Rififi” (1955), de la que “Topkapi” parece su reverso frívolo; y demostró su versatilidad con la comedia dramática rodada en Grecia “Nunca en domingo” (1960). Aunque rodada mayormente en Turquía, “Topkapi” supuso su regreso al cine 100% estadounidense; un entretenimiento de primera con forma de comedia de aventuras criminales; un divertido film de robos donde encajan a la perfección los tópicos habituales de este género (una banda de lo más heterogénea, un plan minucioso, giros de guión, …) y que configuró definitivamente los estándares argumentales de este tipo de películas.

Walter (Maximilian Schell) y Elizabeth (Melina Mercuri) son un apareja de ladrones que planean robar una valiosa daga en el palacio de Topkapi, en Estambul. Para ello reclutarán a una serie de individuos con habilidades muy específicas.

La colorista fotografía de Henri Alekan, la festiva banda sonora de Manos Hatzidakis, el exotismo y la belleza de Estambul, las carismáticas interpretaciones de sus impagables secundarios (Robert Morley, Akim Tamikoff o un gran Peter Usinov, que logró el Oscar al mejor secundario), sus ingeniosos diálogos y el vibrante pulso narrativo de Dassin; convierten alñ film en un soplo de aire fresco en el panorama del cine criminal, más acorde con el espíritu de los años 60. “Topkapi” no pretende ser realista y a ratos parece no tomarse muy en serio ni siquiera a sí misma alejándose un tanto de la novela original de Eric Ambler (“La luz del día”, 1962). Y es que, con un tono entre la psicodelia y la picaresca de guante blanco, Dassin sabe dosificar el humor y el suspense en los momentos oportunos (como en la secuencia del robo).

 

– Para interesados en las claves estéticas del cine de los 60.

– Imprescindible para amantes de las ‘heist movies’.

 

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