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Cocreador de los Teleñecos junto a Jim Henson (con quien también dirigió “Cristal oscuro”, 1982); actor, productor, realizador y guionista de las series y las películas de Gustavo, Peggy y compañía durante más de 40 años; y voz del icónico Yoda en la saga de ‘Star Wars’; Frank Oz también se forjó una carrera como director de comedias de enredo con regusto clásico (con films como “¿Qué pasa con Bob?”, 1991, “In & Out”, 1997, o “Un funeral de muerte”, 2007) a partir de este juguetón duelo interpretativo (la química entre Steve Martin y Michael Caine es indudable) en el que la picaresca mujeriega y las diferencias culturales y modales entre el viejo y el nuevo continente funcionan como motor de su divertido y tramposo argumento. Una más que entretenida vuelta de tuerca a clásicos del subgénero de ‘ladrones de guante blanco’ como “Atrapa a un ladrón” (Alfred Hitchcock, 1955).

Lawrence Jamieson (Michael Caine) es un estafador de categoría que seduce a mujeres ricas con su refinadas maneras inglesas para financiar su alto estilo de vida en la Riviera francesa. Pero Jamieson ve peligrar su ‘gallinero’ cuando aparece el desgarbado buscavidas estadounidense Freddy Benson (Steve Martin). Ambos competirán por conquistar a una joven soltera, heredera de la empresa Colgate, que acaba de llegar al pueblo.

Remake de la entretenida, aunque inferior pese a contar con Marlon Brando y David Niven (como Benson y Jamieson respectivamente), “Dos Seductores” (Ralph Levy, 1964); el primer film de Frank Oz sin marionetas (auque en “La tienda de los horrores”, 1986, solo había una) cuenta con desparpajo, sentido del humor y buen ritmo, además de un reparto de divertidísimos secundarios (Glenne Headly, Ian McDiarmid, Dana Ivey o Frances Conroy), como debe ser en una buena comedia. El humor elegante de Michael Caine y el histrionismo de Steve Martin combinan a la perfección adaptando la trama a sus idiosincracias, convirtiendo la lujosa costa francesa en un escenario idóneo donde llevar a cabo su testosterónico, irónico e interesado juego de egos.

 

– Para amantes de la comedia elegante.

– Imprescindible para comparar dos estilos de humor tan distintos como el de Caine y el de Martin.

 

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