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A pesar de no convertirse en el éxito comercial que George Lucas (productor y autor de la historia) hubiese querido, “Willow” (el sexto largometraje dirigido por el actor Ron Howard, que ya había triunfado con “Un, dos, tres… splash”, 1984, o “Cocoon”, 1985) se ha hecho un hueco entre la mitomanía ochentera como film de culto para una generación que gozó con su imaginativa mezcla de aventuras de espada y brujería, fantasía, comedia, monstruos y efectos especiales. Planteada como una alternativa al proyecto frustrado de Lucas de llevar al cine “El Señor de los Anillos”, “Willow” se inspiraba en la obra de Tolkien, en la Biblia y en la mitología céltica para crear un imperfecto pero entretenido espectáculo para toda la familia tan entrañable como mágico. La prototípica historia de la profecía en torno a un elegido que acabará con el reinado del terror del tirano de turno, sirve a Lucas y el director Ron Howard para relatarnos un viaje por un mágico mundo lleno de criaturas de cuento de hadas.

Una profecía dice que una niña nacerá para poner fin al reinado de la malvada bruja Bavmorda (Jean Marsh). La niña acabará por casualidad en manos de Willow (Warwick Davis), un granjero nelwyn que la llevará hasta las tierras de los humanos. Allí se unirá al intrépido desvergonzado Madmartigan (Val Kilmer).

Aunque a veces parezca una torpe sucesión de situaciones más o menos acertadas, divertidas o improbables (la narración deja bastante que desear): el carisma de los actores, el indudable esfuerzo artístico (escenarios, vestuario, maquillaje, …), los punteros efectos especiales digitales de la Industrial Light & Magic, su minuciosa recreación de este mundo de Alta Fantasía y sus buenas escenas de acción la convierten en una pieza indispensable en cualquier domingo por la tarde. Y es que la trama pasa muy por encima de la intriga palaciega y las repercusiones sociales y bélicas del diabólico gobierno, dando mucha más importancia a las aventuras, el humor y el romance. Esto le resta profundidad, pero la convierte en un apreciable entretenimiento sin excesivas pretensiones.

 

– Para nostálgicos de las grandes aventuras de espada y brujería para todos los públicos.

– Imprescindible para interesados en la historia de los efectos especiales.

 

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