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Tras el éxito de “¿Qué fue de Baby Jane?” (1962), y con gran parte del equipo técnico y artístico de esta, Robert Aldrich (“El beso mortal”, 1955, “El vuelo del Fénix”, 1965, o “Doce del patíbulo”, 1967) volvió al thriller psicológico más inquietante con esta sádica historia de crímenes y engaños, este sórdido cuento de terror gótico sureño. “Canción de cuna para un cadáver” es una sugerente mezcla de géneros donde una dramática historia de traumas del pasado, exclusión social y trastornos mentales es presentada bajo una atmósfera opresiva, siniestra y alucinatoria (estupenda fotografía en blanco y negro, con aires expresionistas, de Joseph F. Biroc). Con la habilidad de un tosco pero contundente Alfred Hitchcock, Robert Aldrich administra los recursos cinematográficos poniéndolos al servicio de un tenso suspense (que explora los límites del mal, de la maldad como estigma humano) cuyo ágil crescendo nos llevará al inevitable clímax.

Charlotte Hollis (Bette Davis) es una vieja soltera que vive en el caserón de una plantación de Louisiana, atormentada por la muerte de su amante 30 años atrás. La casa va a ser derribada para construir una autopista, así que Charlotte pide ayuda a su prima Miriam (Olivia de Havilland) y al doctor del pueblo Drew Bayliss (Joseph Cotten).

“Canción de cuna para un cadáver” es una oscura reflexión sobre las heridas de la memoria, sobre como el pasado nos encadena y afecta a nuestra vida; pero no desde un punto de vista filosófico o moral, sino a base de giros de guión, secretos perturbadores y locura, lo que la convierte en un magnífico entretenimiento. Tal vez no esté a la altura de “¿Qué fue de Baby Jane?”, pero es imposible no dejarse arrastrar por ese malsano icono del cine que es Bette Davis (Debido a su visceral y cruel rivalidad con Joan Crawford, esta abandonó el rodaje y fue sustituida por Olivia de Havilland) y por la tenebrosa ambientación y puesta en escena del gran Aldrich. Muy apropiada también la banda sonora de Frank DeVol, encabezada por la macabra nana ‘Hush…Hush, Sweet Charlotte’.

 

– Para los que piensan que un protagonista ha de ser joven y guapo.

– Imprescindible para amantes del relato gótico americano.

 

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