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El sólido pero poco destacable director neoyorquino Martin Brest (“Superdetective en Hollywood”, 1984, “Huida a medianoche”, 1988, o “¿Conoces a Joe Black?”, 1998), consiguió su mejor trabajo con este remake (de “Perfume de mujer”, 1974, Dino Risi, con un gran Vittorio Gassman) que Al Pacino utilizó como vehículo para un despligue interpretativo tan simpático, profundo y desaforado como convincente (por el que logró su único Oscar). “Esencia de mujer” es una emocionante historia de amistad intergeneracional; una conmovedora mirada al relevo existencial y a la ‘herencia’ trasmitida a partir de experiencias compartidas. Aunque el film puede decaer en ciertas tramas secundarias innecesarias, Pacino consigue convertir este ‘canto a la vida’ en forma de drama de iniciación con vocación satírica en una película más que recomendable.

Frank Slade (Al Pacino) es un burlesco y mujeriego coronel retirado del ejército debido a su ceguera. El fin de semana de Acción de Gracias, su familia contratará a Charlie Simms (Chris O’Donnell), un estudiante de clase baja que se ocupará de cuidar a Slade.

Sin duda estamos ante otra ‘violación’ hollywoodiense de un film europeo, intensificando su comercialidad y reduciendo el contenido sexual; pero aún así merece la pena sumergirse en las peripecias y diatribas del personaje que le dio el Oscar a Al Pacino. Y es que a pesar de contar con buenos secundarios como Philip Seymour Hoffman, Frances Conroy, o James Rebhorn, la fuerza de la actuación de Pacino (y sus lapidarios diálogos) hace que todo lo que no gira alrededor de el parezca no importar. El tan recurrido esquema de ‘alumno-maestro’ sirve para vertebrar su discurso; contraponiendo la inocencia y la juventud al cinismo y la amargura de quien parece de vuelta de todo y dejando para la posteridad esa sensual y tierna escena del tango a ritmo de ‘Por una cabeza’ de Carlos Gardel. “Esencia de mujer” es un drama, sin duda, pero eso no quita para que hayan escenas divertidas y comentarios irónicos en torno a la vida y la sociedad; provocando una estimulante mezcla de risas y lágrimas.

 

– Para los que no tenga miedo de echar alguna lagrimilla.

– Imprescindible para coleccionistas de los grandes iconos de la interpretación.

 

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