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Basada en los textos de sir Thomas Mallory (s. XV), pasadas por el prisma de estudiosos como James Frazer o Jessie Weston; “Excalibur” es una barroca y excesiva recreación lisérgica de la historia del Rey Arturo en la que casi todo es deliberadamente delirante; desde la afectada dirección de John Boorman (“A quemarropa”, 1967, “Deliverance”, 1973, o “La selva esmeralda”, 1985) al apabullante despliegue técnico y artístico (inolvidable es su diseño de producción y vestuario); desde las grandilocuentes actuaciones hasta la interpretación ‘sui generis’ del mito artúrico (donde abundan elementos simbólicos mezclados con leyendas célticas y mitologías varias). Un ambicioso proyecto de Boorman que bebe del universo de J.R.R. Tolkien, evitando el realismo para sumergirse en un paseo por la mitología como herramienta simbólica en torno al ciclo de la vida y la condición humana.

El mago Merlín (Nicol Williamson) ayuda a Uther Pendragon (Gabriel Byrne) a conquistar a la mujer de un noble aliado. Fruto de esta unión incestuosa nacerá Arturo (Nigel Terry), que dieciocho años después intentará sacar la espada Excalibur de la piedra donde está incrustada desde la muerte de su padre. Quien lo consiga se convertirá en rey.

Boorman despoja la historia de los elementos cristianos de la obra original, añade diversos anacronismos, elementos propios y referencias a otros mitos anglosajones. Cine fantástico medieval en el que la intriga, el romance y la acción se ponen al servicio de su revisión posmoderna de la leyenda de la espada en la roca; una de los más insignes ejemplos del cine de ‘espada y brujería’, tan de moda en la época. Sin duda “Excalibur” es una de las más difíciles y entregadas adaptaciones del universo de la Tabla Redonda, que puede resultar algo lenta y extraña (se mueve peligrosamente entre lo apasionado y lo pretencioso), pero que tiene un valor indudable gracias a un reparto excelente, una entregada visión estética y un sentido del espectáculo épico tan colosal como bizarro; es difícil no dejarse llevar por su hipnótica propuesta visual, narrativa y temática.

 

– Para los que odien el rigor histórico y prefieran la leyenda y la magia.

– Imprescindible para amantes de los despliegues kitsch, recargados y oscuros.

 

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