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La Era Dorada de la animación americana (de los 30 a los 60) estaba llegando a su fin y lo mismo le pasaba a los grandes estudios, que no podían competir con los costes y el alcance mediático de la animación televisiva. La Warner, que había reinado desde 1933 en el cartoon más alocado e irreverente y había vivido unos años 50 gloriosos, comenzaba a resentirse (cerraría en 1969) pero aún era capaz de reutilizar con gracia los viejos esquemas argumentales. Tal vez por eso, a modo de homenaje a una dilatada carrera de éxitos paralela a la historia del cartoon, la Academia decidió que “Knighty Knight Bugs” se convirtiese en el primer (y único) cartoon de Bugs Bunny que logró el Oscar al mejor corto animado (tras dos lejanas nominaciones: “A wild hare”, 1940, de Tex Avery y “Hiawatha’s Rabbit Hunt”, 1941, de Friz Freleng). Y es que a pesar de no ser excesivamente original, tiene todo lo que los films clásicos: persecuciones (con uno de los oponentes más característicos del sarcástico conejo: Yosemite Sam), golpes (martillazos, caídas, incineraciones, …), jugosos secundarios (esos ridículos Caballeros de la Mesa Redonda, el dragón con problemas con los estornudos, …) y divertidos gags. Y además al mítico Friz Freleng (“Birds Anonymous”, 1957, o “The Pink Phink”, 1964) al frente, asegurando la calidad de de este delirio medieval, humorístico y violento.

Cuando el viejo Rey Arturo pide a sus cobardes caballeros que recuperen la Espada Cantora de las garras del malvado Caballero Negro (que no es otro que Sam Bigotes/Yosemite Sam), estos se niegan argumentando que este tiene un fiero dragón escupefuego. Arturo terminará mandando a por la espada al bufón de la corte (efectivamente, Bugs Bunny), que tendrá que vérselas con el pelirrojo gruñon… una vez más. Y es que la trama copia parcialmente la de “Sahara Hare” (Friz Freleng, 1955), sustituyendo el desierto por la época de los mitos artúricos. Aunque eso no es lo importante cuando contamos con el prodigioso Mel Blanc interpretando las voces de todos los personajes, incluida a una Espada Cantora que se atreve hasta con la música hawaiiana (y que tiene una nueva versión en “¿Quién engañó a Roger Rabbit?”, 1988), entrañable gags, agresivo pero inocuo humor físico y un plantel de animadores legendario del mundo del cartoon (Arthur Davis, Gerry Chiniquy, Virgil Ross o los fondos de Hawley Pratt).

 

– Para lograr una sonrisa de 7 minutos.
– Imprescindible para los que piensan que Elmer Fudd era muy suave para Bugs Bunny.

PARA VERLO: http://www.b99.tv/video/knighty-knight-bugs/

Puede consultar la lista completa en: # Los 100 mejores Cartoons de la historia

 

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