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Si hay algo que nunca falla es la vis cómica de Woody Allen (“Toma el dinero y corre”, 1969, “Días de radio”, 1987, o “Misterioso asesinato en Manhattan”, 1993) y aunque un tanto olvidada “Balas sobre Broadway” no es una excepción. Con John Cusack convertido en trasunto del propio Allen (que ya estaba demasiado mayor para el personaje), asistimos a un festival de diálogos ingeniosos, situaciones tronchantes (desde las habituales conversaciones de cama a problemas con la mafia), excelentes secundarios (Dianne Wiest volvió a ganar el Oscar a la mejor actriz secundaria tras lograrlo en 1986 con “Hannah y sus hermanas”, también de Woody Allen), jazz clásico y las irónicas reflexiones del director neoyorquino acerca del arte (y la inquebrantabilidad de los ideales artísticos) o las relaciones de pareja; además de un nuevo ejemplo del gusto de Allen por el cine criminal.

Davis Shayne (John Cusack) es un autor teatral que, tras fracasar una y otra vez, logra que le financien una de sus obras. El problema es que el dinero proviene de Nick Valenti (Joe Viterelli), un gangster que impone a su novia Olive (divertidísima Jennifer Tilly) como actriz, a pesar de sus pésimas dotes interpretativas. Por si no fuera suficiente, el guardaespaldas de Olive, un matón llamado Cheech (excelente Chaz Palminteri), comienza a corregir el texto de Shayne, logrando que mejore sustancialmente.

Técnicamente excelente (gracias a profesionales como Carlo Di Palma, Susan E. Morse o Santo Loquasto), narrativamente trepidante y artísticamente relevante, “Balas sobre Broadway” no tiene nada que envidiar a las más reconocidas comedias de Allen. Y aunque se echa en falta al Woody Allen actor (aunque fuese en uno de esos jugosos papeles secundarios), podemos encontrar a característicos de renombre (de la talla de Jim Broadbent, Jack Warden, Tracey Ullman o Mary-Louise Parker) haciendo suyos una galería de extravagantes y satíricos personajes que ponen divertidamente en tela de juicio la cordura e integridad del mundo del espectáculo y los que lo conforman.

 

– Para amantes del Woody Allen más cómico.

– Imprescindible para coleccionistas de comedias de gangsters.

 

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