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Como contrapunto del cine criminal estadounidense, que se centró durante los 60 y 70 en la figura del policía implacable pero íntegro, el cine criminal francés, einterpretando el cine negro clásico, hizo de los delincuentes sus héroes particulares. Jean-Pierre Melville (“Bob el jugador”, 1956, o “El ejército de las sombras”, 1969) fue durante tres décadas uno de los realizadores fundamentales del cine negro francés (conocido como ‘Polar’). En “Círculo rojo” mezcla el cine negro con las películas de robos, con su habitual destreza y su elegantemente gélida concepción visual. Y es que además de demostrar su conocimiento de los resortes del cine policíaco, Melville también da testimonio de su maestría técnica y narrativa (como en la secuencia del robo, cerca de media hora sin diálogo). “Círculo rojo” es un ingenioso thriller criminal tan preciso como creíble, tan frío como intrigante, tan bien dosificado como complejo.

Tras salir de la cárcel por buena conducta, Corey (Alain Delon) se une al fugitivo Vogel (Gian María Volonté) para robar por venganza al jefe de su antigua banda. Mientras tanto la policía les sigue la pista.

“Círculo rojo” forma junto a “El silencio de un hombre” (1967) y “Crónica negra” (1972) la llamada ‘trilogía del samurai’. Y es que Melville vuelve a mostrar su interés por la cultura y la filosofía oriental (el título del film remite a las enseñanzas de Buda) dinamitando además la moral heroica hollywoodiense con unos personajes (interpretados por estrellas del cine europeo como Alain Delon, Gian Maria Volontè, Yves Montand, …) erigidos en antihéroes, con un destino propio de las tragedias griegas. Y es que los personajes de “Círculo rojo” están excelentemente perfilados, con una ambigüedad que los aleja de cualquier estereotipo de ‘bueno’ o ‘malo’. El código de honor del submundo criminal (y sus paralelismos con el código de los samuráis) sustituye a las normas convencionales de la ley y la justicia institucional como vertebrador moral de esta historia de amistad y robos. A destacar también la excelente fotografía en color del mítico Henri Decaë.

 

– Para los que ya estén cansados del cine negro americano.

– Imprescindible para acercarse a la obra de un genio como Melville (y al star system europeo de los 60/70).

 

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