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Responsable de numerosas horas de puro entretenimiento cinematográfico a base de aventuras, acción y ciencia-ficción (“20.000 leguas de viaje submarino”, 1954, “Los vikingos”, 1958, o “Cuando el destino nos alcance”, 1973), el hijo del mítico animador Max Fleischer supo imprimir a “El estrangulador de Boston” un tono entre el documental, el retrato psicológico, la experimentación narrativa y el thriller criminal que la alejaba de los típicos films de asesinos en serie. Basada en el libro de Gerold Frank, que se inspiraba en los crímenes reales de un asesino que sembró el pánico en Boston a principios de los 60; esta primera entrega de un díptico (no premeditado) completado por “El estrangulador de Rillington Place” (1971), es terroríficamente fría, despojada de casi cualquier emoción (ni siquiera parece haber lugar para la violencia gráfica), pero con una atmósfera inquietante que mantiene el suspense, una entregada interpretación y una estética vanguardista que aprovechaba al máximo el uso de la ‘pantalla dividida’.

Después de que aparezcan varias mujeres estranguladas, John S. Bottomly (Henry Fonda) es el policía al frente de un equipo encargado de dar con el asesino. Por otro lado conocemos a Albert DeSalvo (Tony Curtis), un agresor sexual que parece el máximo candidato a ser el ‘estrangulador de Boston’.

A pesar de que su historia no es excesivamente original, “El estrangulador de Boston” se sirve de ella hábilmente para confeccionar un hipnótico ejercicio técnico-narrativo inseparable de su época. Además tras casi dos décadas de carrera, un sombrío Tony Curtis (muy bien acompañado por estrellas como Henry Fonda o George Kennedy) buscaba alejarse de los roles agradables, bondadosos y atractivos que lo habían caracterizado (lo que no gustó mucho al público). A pesar de que Albert DeSalvo había confesado los crímenes aún había muchas dudas en torno a su culpabilidad, lo que provocó una enorme controversia al aparecer el film; el cual no solo no ponía en duda su culpabilidad sino que además nos mostraba los crímenes.

 

– Para amantes del cine de asesinos en serie más original.

– Imprescindible para conocer el lado sádico del a menudo jovial Tony Curtis.

 

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