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Una de las mejores obras de la última gran etapa del realizador italiano Michelangelo Antonioni (“La aventura”, 1960, “El eclipse”, 1962, o “Blow-Up”, 1966), caracterizada por la experimentación visual, un intenso uso del color y su creciente tendencia a lo abstracto. Así, en la que es posiblemente su última obra maestra Antonioni sigue demostrando que su increíble habilidad para combinar una técnica cinematográfica precisa y vanguardista (como esos elaborados planos secuencia de intencionados movimientos de cámara); la excelencia artística (con magistrales encuadres que remiten a una de sus grandes pasiones, la pintura); y la profundidad conceptual (con temas que van desde lo psicológico a lo político). Pero “El reportero” no solo es cine de arte y ensayo, sino que también es una entretenida ‘road movie’ de suspense, con conspiraciones políticas y situaciones dramáticas.

David Locke (Jack Nicholson) es un periodista que se encuentra en el Sahara rodando un documental sobre la descolonización. Cansado de su vida, Locke decide adoptar la identidad de un inglés que ha muerto en su hotel.

“El reportero” es una nueva oda de Antonioni a la incomunicación y la soledad, una exploración de los límites de la propia identidad; construida en torno a una trama de cine negro que sirve a Antonioni para sostener su habitual discurso existencialista, su recurrente y misterioso juego de conceptos e imágenes. A través de su argumento de falsas identidades, corrupción y huida, “El reportero” nos lleva por un viaje filosófico de configuración del yo. No por casualidad el protagonista comparte nombre con el filósfo John Locke, que postulaba que el hombre nace sin ideas innatas (la famosa ‘tabula rasa’) y su identidad va formándose a base de la ‘experiencia sensorial’ (y si hay un término que pueda definir la obra de Antonioni es precisamente ese). Rodada mayormente en el trayecto desde Argelia hasta Barcelona (pasando por Málaga o Almería); pocas veces hemos visto con tal poesía visual la costa mediterránea, desde la aridez de los desiertos del sur hasta la arquitectura de Gaudí.

 

– Para amantes del cine de autor más icónico.

– Imprescindible para apasionados de los paisajes del suroeste mediterráneo.

 

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