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Inspirándose en el cuento “A veces el corazón de la tortuga” (del premio nobel Kenzaburo Oe), el escritor Robert Mark Kamen (popular hoy día como guionista de films de acción como “Transporter”, 2002, o “Venganza”, 2008) fundió el cine de artes marciales con el drama existencial adolescente típico de los 80 en uno de los más perdurables iconos de la cultura popular surgidos en la década. El director fue John G. Avildsen (“Salvad al tigre”, 1973, o “Escuela de rebeldes”, 1989), que había tenido su mayor éxito (Oscar incluido) con otro mítico film de deportivo de combates y superación: “Rocky” (1976). Y el resultado de esta fusión entre John Hughes y Bruce Lee fue un éxito gigantesco (se rodaron dos secuelas con Macchio), fomentando toda clase de imitaciones, variaciones, secuelas (hasta tres), remakes, video-juegos, series y toda clase de merchandising, …

Daniel Larusso (Ralph Macchio) llega a California con su madre (Randee Heller). Pronto comenzará a tener problemas con unos matones del instituto liderados por Johnny Lawrence (William Zabka). Con la ayuda de Mr. Miyagi (Pat Morita), un viejo conserje, aprenderá karate, aunque no debe usarlo para atacar a los abusones.

“Karate Kid” es una sencilla pero atractiva historia de maduración y crecimiento personal que se apoya en las artes marciales para confeccionar una dramática trama (salpicada de humor), con una carismática relación maestro-alumno y un romance un tanto típico. A toda una generación se le quedaron grabados diálogos (‘Dar cera, pulir cera’), personajes (como el trascendental señor Miyagi) y secuencias (ese final con el golpe de la grulla). Vibrante y emocionante partitura de Bill Conti, que al igual que la banda Survivor (autores de ‘Moment of the truth’, tema principal del film, y del celebérrimo ‘Eye of the tiger’ de “Rocky III”, 1982) también había trabajado en la saga de Rocky. Además de ser un inmenso éxito de taquilla, “Karate Kid” también tuvo una buena acogida por parte de la critica, que alabó el trabajo de Pat Morita o su entrañable historia de amistad intergeneracional.

 

– Para los que gusten de echar un nostálgico vistazo al cine comercial de los 80.

– Imprescindible para entender algunas bromas frikis que aún tienen gracia.

 

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