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Saga iniciada por “Tarzán de los monos” (1932), esta fue la sexta y última película que la MGM rodó con Johnny Weissmuller haciendo de Tarzán (aunque este aún rodaría seis films más hasta 1948, producidos independientemente y distribuidos por la RKO). Tras “La fuga de Tarzán” (1936) o “Tarzán y su hijo” (1939), el prolífico artesano todoterreno Richard Thorpe (“Ivanhoe”, 1952, o “El rock de la cárcel”, 1957) ponía por última, y quinta, vez su talento al servicio del rey de la selva. Aunque el comienzo del film sigue los pasos de sus antecesores, en “Tarzán en Nueva York” el héroe del torso desnudo abandona momentáneamente sus aventuras en la jungla para enfrentarse a la civilización y dar lugar a una serie de entretenidas situaciones basadas en equívocos culturales. Pero tampoco faltan las habituales escenas de acción, con acrobacias, animales y peleas.

Después de que unos tipos, que están en África para llevarse leones para un circo, secuestren a Boy (Johnny Sheffield); Tarzán (Johnny Weissmuller) y Jane (Maureen O’Sullivan) viajan hasta Nueva York para rescatar a su hijo.

Drama, aventuras, acción y comedia (Chita, habitual recurso humorístico de la saga, gana protagonismo en este film, multiplicando las situaciones cómicas) se combinan en 70 minutos de espectáculo de primera, divertido e icónico; un tanto cutre y estereotipado, pero sin duda entrañable. La MGM puso toda la carne en el asador con “Tarzán en Nueva York”, elevando el presupuesto y haciendo realidad una de las fantasías cinéfilas de la época; cambiar la jungla africana por la ‘jungla de asfalto’ como foco de peligros a los que el personaje creado por Edgar Rice Burroughs ha de enfrentarse. Haciendo que Tarzán vuele en avión, se vista con un traje o tome un taxi, para regocijo del espectador. Como es habitual también tiene cierto discurso sobre los pocos escrúpulos de la supuesta ‘civilización’, pero esta vez desarrollado desde el mismo corazón de esta. También supuso la última vez que Maureen O’Sullivan interpretó a Jane (de hecho abandonó el cine hasta 1948, para cuidar de sus siete hijos.

 

– Para amantes de las aventuras y el humor clásico.

– Imprescindible para saber de dónde viene “Cocodrilo Dundee”.

 

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