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El film que lanzó al gran director polaco Krzysztof Kieslowski (“El decálogo”, 1989, o “La doble vida de Verónica”, 1991) al estrellato comercial fue esta primera entrega de una trilogía dedicada a los colores, y los lemas (libertad, igualdad y fraternidad), de la bandera francesa; que a la postre se convertiría en su testamento cinematográfico (su último film fue “Tres colores: Rojo”, 1994). Un sencillo pero intenso drama filosófico (a la altura estética, la fotografía de Slawomir Idziak tiene en el color azul un plácido aliado, y conceptual de Bergman o Dreyer) que profundiza líricamente en la tragedia, el dolor y la superación de este para alcanzar la libertad. Arte, simbolismos diversos y duros conflictos morales asoman en esta alegoría político-social sobre la libertad en forma de emocionante retrato psicológico que una estremecedora interpretación de Juliette Binoche y un guión perfecto elevan a la categoría de ‘obra mayor’.

Julie (Juliette Binoche) es una compositora parisina que decide cambiar de vida tras perder a su marido y a su hija en un accidente de tráfico. Julie descubrirá que su marido tenía una amante, con la cual tuvo un hijo, mientras intenta terminar una pieza musical, para celebrar la Unión Europea.

Con un ritmo contemplativo, largas secuencias, muchos silencios, una complejidad temática y visual arrolladora y la siempre comprometida mirada de Kielowski; “Tres Colores: Azul” se convirtió curiosamente en un éxito de taquilla, algo que no sucede a menudo con el buen cine de autor. Kieslowski nos habla de Europa, de una comunidad europea recuperándose de las heridas recientes, liberándose de las cadenas del pasado. “Tres Colores: Azul” también es una película profundamente melómana, estableciendo paralelismos entre la música y la protagonista; además de utilizarla como elemento argumental y contar con una desgarradora banda sonora de Zbigniew Preisner. Pura poesía cinematográfica, impregnada de un trágico optimismo, que a pesar de no ser apta para paladares impacientes, merecerá la pena para quien esté preparado.

 

– Para público preparado para el cine que no es para todos los públicos.

– Imprescindible para interesados en cine inteligente, complejo y sensitivo, para ver con los cinco sentidos.

 

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