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Inspirada por una historia real y repleta de caras conocidas (Yaphet Kotto, Morgan Freeman, M. Emmet Walsh o Jane Alexander), “Brubaker” es uno de esos films olvidados que delimitaron la frontera entre los sucios años 70 y los resplandecientes 80: buenas interpretaciones, argumento repleto de tipos duros, un héroe contra la injusticia y una premisa narrativa de lo más llamativa; de nuevo el género carcelario se ponía al servicio de la defensa de los derechos humanos. El director y guionista de culto W.D. Richter (“Las aventuras de Buckaroo Banzai”, 1984) estaba detrás de este efectivo, duro y atípico drama carcelario con el que el subestimado realizador Stuart Rosenberg volvía al género tras “La leyenda del indomable” (1967), para dirigir a un Robert Redford cada vez más comprometido con el contenido de crítica social de sus películas. “Brubaker” ahonda en el realismo más descarnado para denunciar el violento y corrupto sistema penitenciario estadounidense marcado por la violación de los derechos constitucionales.

Brubaker (Robert Redford) es el nuevo alcaide de la prisión de Wakefield State. Decide presentarse primero como un preso más y así poder comprobar como es el trato que se le da a los reclusos. Así, se da cuenta de que la corrupción y el abuso son las normas habituales de los guardias.

En vez de profundizar en la dimensión psicológica y humana de los personajes, Rosenberg y Richter prefieren confeccionar una suerte de investigación periodística que se centra más en los hechos que en las personas; aún así “Brubaker” es un film contundente y a ratos emocionante, bien interpretado y excelentemente rodado, una lúgubre y detallada recreación de las penosas condiciones de vida en una cárcel de la América profunda. Los métodos del protagonista y su progresista visión de las prisiones puede parecer muy ingenua, incluso inverosímil, pero hay que recordar que el protagonista real (Tom Murton) perdió su trabajo y tuvo que huir de Arkansas tras los sucesos que se relatan en el film (se dedicó a su granja de patos hasta que murió a finales de los 90).

 

– Para amantes del cine carcelario de calidad con tono crítico.

– Imprescindible para los jóvenes que no conozcan bien la carrera de Robert Redford como actor.

 

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