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Tercer largometraje de Robert Bresson (“Un condenado a muerte se ha escapado”, 1956, “Pickpocket”, 1959, o “Al azar de Baltasar”, 1966); “El diario de un cura de campaña” obtuvo numerosos premios en Venecia, la crítica se rindió ante su técnica y su pureza y descubrió al ya veterano (tenía ya 50 años) director francés como uno de los autores cinematográficos más prometedores del momento. Basada rigurosamente en la novela de Georges Bernanos (al que volvería a adaptar en “Mouchette”, 1967), “El diario de un cura de campaña” supuso un punto de inflexión en la carrera de Robert Bresson, desarrollando ese realismo minimalista repleto de poesía en el que se combinan actores no profesionales y escenarios naturales con complejas emociones. El film es un relato de evolución, donde Bresson deja de lado cualquier elemento contingente con un afán documental, para centrarse en el tema principal, el conflicto interior entre la fe y el mundo, entre lo trascendental y lo mundano.

El film se centra en un joven sacerdote (Claude Laydu) que es destinado a una pequeña población del norte de Francia. Su entusiasmo pronto chocará con la indiferencia y desprecio de sus parroquianos.

Lo que al principio no parecen más que sucesos cotidianos van enrareciéndose y provocando la duda en el espectador (y en el protagonista). Bresson parece decirnos que lo trascendental (lo invisible) no tiene cabida en el mundo terrenal, o al menos no puede ser explicado en el; lo que desafía en cierta medida (en un juego metatemático) el propio mensaje de la película. Y lo hace con un realismo estilizado sostenido por una concepción visual muy personal que busca la acotación de su universo conceptual y espiritual; sus planos cortos, su montaje, su fotografía, sus sonidos (bresson utiliza sonido directo), su austera colección de gestos y objetos, planos compuestos con parquedad (casi desnudos) o una inexpresiva voz en off que marca las intenciones y el espíritu de una película vocacionalmente diferente en la que se daban la mano vanguardias como el realismo poético francés o el Neorrealismo italiano.

 

– Para interesados en las cuestiones terrenales de la fe.

– Imprescindible para acercarse a uno de los cineastas más insobornables y reconocidos del siglo XX.

 

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